[21] No parece que hubiera leído Heródoto la carta de Pausanias, que trae Tucídides escrita a Jerjes, a quien en premio de su alevosía pide por esposa una hija del mismo rey, y no de Megabates.

[22] Mindo, hoy Mentese, ciudad de consideración en la Caria y colonia de los trecenios.

[23] Nota Ateneo que los naxios ricos vivían comúnmente en la misma ciudad, dejando en las aldeas a la gente pobre, lo que asimismo sucedía en el Ática.

[24] Mileso, o como ahora se llama, Melaso, era una rica ciudad de la Caria; Termera otra ciudad en los confines de la Caria y la Licia, cuyas ruinas no son acaso conocidas.

[25] El derecho de Heracles sobre la región ericina proviene, según Diodoro Sículo, de haber aquel héroe vencido en la lucha a Eris, rey del país, y haber quedado señor del territorio que dejó en fideicomiso a los naturales, hasta tanto que algún hijo suyo viniera a reclamarle. Acerca de los oráculos de Layo ninguna noticia de ellos hallamos en otros autores.

[26] A este rey llama Diodoro Sículo «demagogo» u orador público, como llamó también Aristóteles a Cípselo tirano de Corinto: en la democracia reinan comúnmente los demagogos, y alguna vez de oradores pasan a ser tiranos. La famosa Síbaris, arruinada por los crotoniatas y reedificada con el nombre de Turio, se cree que sea hoy la aldea Torre Brodoqueto, en la Calabria.

[27] Egesta o Segesta, célebre ciudad de Sicilia entre el promontorio Lilibeo y Panormo, correspondía al lugar que se llama Bárbara. En cuanto a Minoa, que se llamó después Heraclea, y a Selinunte, célebre colonia de los megarenses, ambas hoy arruinadas, se hallaba la primera cerca del cabo Blanco, y la segunda en la Terra dei pulici, en la provincia de Mazara.

[28] Esta especie de mapas o pínax, tablas de bronce grabadas con los nombres de ríos, mares y naciones, ¿no darían lugar a las pinturas de varios colores usadas en los libros y códices antiguos?

[29] Dúdase qué ríos fuesen los dos Tigris menores, a no ser el Lico y el Caper, llamados hoy día, aquel el Zab mayor, y este el pequeño Zab. Al Gindes no le dan nombre los modernos, pues quizá dividido por Ciro en 370 acequias perdió su curso antiguo o del todo desapareció.

[30] En el imperio Romano, como en casi toda la Europa moderna, estaban también en uso tales postas públicas con sus paradores, ya para pernoctar, ya para mudar de caballerías. Por lo común, a cada posta correspondían cinco parasangas, a cada parasanga treinta estadios, y ocho estadios a cada milla, aunque se halla alguna variación en los autores. Los números en el texto están sin duda equivocados, pues el total no se ajusta con las partidas, faltando a la suma treinta postas, y no resultando de las partidas más que trescientas treinta y seis parasangas, en vez de las cuatrocientas cincuenta que deduce el autor.