528 Respondióle la discreta Penélope: «Anda, ve, hazle venir para que lo relate en mi presencia. Regocíjense los demás, sentados en la puerta ó aquí en la sala, ya que tienen el corazón alegre porque sus bienes, el pan y el dulce vino, se guardan íntegros en sus casas, si no es lo que comen los criados; mientras que ellos vienen día tras día á nuestro palacio, nos degüellan los bueyes, las ovejas y las pingües cabras, celebran espléndidos banquetes, beben el vino locamente y así se consumen muchas de las cosas, porque no tenemos un hombre como Ulises que fuera capaz de librar á nuestra casa de la ruina. Si Ulises tornara y volviera á su patria, no tardaría en vengar, juntándose con su hijo, las violencias de estos hombres.»
541 Así dijo; y Telémaco estornudó tan recio que el palacio retumbó horrendamente. Rióse Penélope y en seguida dirigió á Eumeo estas aladas palabras:
544 «Anda y tráeme ese forastero. ¿No ves que mi hijo estornudó á todas mis palabras? Esto indica que no dejará de llevarse al cabo la matanza de los pretendientes, sin que ninguno escape de la muerte y del hado. Otra cosa te diré que pondrás en tu corazón: Si llego á conocer que cuanto me relatare es verdad, le entregaré un manto y una túnica, vestidos muy hermosos.»
551 Así se expresó; fuése el porquero al oirlo y, llegándose adonde estaba Ulises, le dijo estas aladas palabras:
553 «¡Padre huésped! Te llama la discreta Penélope, madre de Telémaco; pues, aunque afligida por los pesares, su ánimo la incita á hacerte algunas preguntas sobre su esposo. Y si llega á conocer que cuanto le relatares es cierto, te entregará un manto y una túnica, de que tienes gran falta; y en lo sucesivo mantendrás tu vientre yendo por el pueblo á pedir pan, pues te dará limosna el que quiera.»
560 Respondióle el paciente divinal Ulises: «¡Eumeo! Yo diría incontinenti la verdad de todas estas cosas á la hija de Icario, á la discreta Penélope, porque sé muy bien de su esposo y hemos sufrido igual infortunio; mas temo á la muchedumbre de los crueles pretendientes, cuya insolencia y orgullo llegan al férreo cielo. Ahora mismo, mientras andaba yo por la casa sin hacer mal á nadie, dióme este varón un doloroso golpe y no lo impidió Telémaco ni otro alguno. Así pues, exhorta á Penélope, aunque esté impaciente, á que aguarde en el palacio hasta la puesta del sol; é interrógueme entonces sobre su marido y el día que volverá, haciéndome sentar cerca del fuego, pues mis vestidos están en mísero estado como sabes tú muy bien por haber sido el primero á quien dirigí mis súplicas.»
574 Tal dijo. El porquero se fué en cuanto oyó estas palabras. Y ya repasaba el umbral, cuando Penélope le habló de esta manera:
576 «¿No lo traes, Eumeo? ¿Por qué se niega el vagamundo? ¿Siente hacia alguien un gran temor ó se avergüenza en el palacio por otros motivos? Malo es que un vagamundo peque de vergonzoso.»
579 Y tú le respondiste así, porquerizo Eumeo: «Habla razonablemente y dice lo que otro pensara en su caso, queriendo evitar la insolencia de varones tan soberbios. Te invita á que aguardes hasta la puesta del sol. Y será mucho mejor para ti, oh reina, que estés sola cuando le hables al huésped y escuches sus respuestas.»
285 Contestó la discreta Penélope: «No pensó neciamente el forastero, sea quien fuere; pues no hay en país alguno, entre los mortales hombres, quienes insulten de esta manera, maquinando inicuas acciones.»