414 «¡Amigos! Nadie se irrite, oponiendo contrarias razones al dicho justo de Telémaco; y no maltratéis al huésped, ni á ninguno de los esclavos que moran en la casa del divinal Ulises. Mas, ea, comience el escanciador á repartir las copas para que, en haciendo la libación, nos vayamos á recoger en nuestras casas; y dejaremos que el huésped se quede en el palacio de Ulises, al cuidado de Telémaco, ya que á la morada de éste enderezó el camino.»
422 Así habló; y su discurso les plugo á todos. El héroe Mulio, heraldo duliquiense y criado de Anfínomo, mezcló la bebida en una cratera, y sirvióla á cuantos se hallaban presentes, llevándosela por su orden; y ellos, después de ofrecer la libación á los bienaventurados dioses, bebieron el dulce vino. Mas después que hubieron libado y bebido cuanto desearan, cada uno se fué á acostar á su respectiva casa.
Euriclea reconoce á Ulises al tocarle la cicatriz del muslo
CANTO XIX
COLOQUIO DE ULISES Y PENÉLOPE.—EL LAVATORIO Ó RECONOCIMIENTO DE ULISES POR EURICLEA
1 Quedóse en el palacio el divinal Ulises y, junto con Minerva, pensaba en la matanza de los pretendientes, cuando de súbito dijo á Telémaco estas aladas palabras:
4 «¡Telémaco! Es preciso llevar adentro las marciales armas y engañar á los pretendientes con suaves frases cuando las echen de menos y te pregunten por las mismas: «Las he llevado lejos del humo, porque ya no parecen las que dejó Ulises al partir para Troya; sino que están afeadas en la parte que alcanzó el ardor del fuego. Además, alguna deidad me sugirió en la mente esta otra razón más poderosa: no sea que, embriagándoos, trabéis una disputa, os hiráis los unos á los otros, y mancilléis el convite y el noviazgo; que ya el hierro por sí solo atrae al hombre.»