474 Después sacaron á Melantio al vestíbulo y al patio; le cortaron con el cruel bronce las narices y las orejas; le arrancaron las partes verendas, para que los perros las despedazaran crudas; y amputáronle las manos y los pies, con ánimo irritado.
478 Tras de esto, laváronse las manos y los pies, y volvieron á penetrar en la casa de Ulises; pues la obra estaba consumada. Entonces dijo el héroe á su ama Euriclea:
481 «¡Anciana! Trae azufre, medicina contra lo malo, y trae también fuego, para azufrar la casa. Y mandarás á Penélope que venga acá con sus criadas, y que se presenten asimismo todas las esclavas del palacio.»
185 Respondióle su ama Euriclea: «Sí, hijo mío, es muy oportuno lo que acabas de decir. Mas, ea, voy á traerte un manto y una túnica para que te vistas y no permanezcas en tu palacio con los anchos hombros cubiertos de harapos; que esto fuera reprensible.»
491 Contestóle el ingenioso Ulises: «Ante todo enciéndase fuego en esta sala.»
492 Tal dijo; y no le desobedeció su ama Euriclea, pues le trajo fuego y azufre. Acto seguido azufró Ulises la sala, las demás habitaciones y el patio.
495 La vieja se fué por la hermosa mansión de Ulises á llamar á las mujeres y mandarles que se presentaran. Pronto salieron del palacio con hachas encendidas, rodearon á Ulises y le saludaron y abrazaron, besándole la cabeza, los hombros y las manos que le tomaban con las suyas; y un dulce deseo de llorar y de suspirar se apoderó del héroe, pues en su alma las reconoció á todas.
Penélope reconoce á Ulises