503 «Llevad ahora el negro bajel á la ciudad; pues yo me iré hacia el campo y los pastores; y al caer de la tarde, cuando haya visto mis tierras, bajaré á la población. Y mañana os daré, como premio de este viaje, un buen convite de carnes y dulce vino.»
508 Díjole entonces Teoclímeno, semejante á un dios: «¿Y yo, hijo amado, adónde iré? ¿Á cúya casa de los varones que imperan en la áspera Ítaca? ¿Ó habré de encaminarme adonde está tu madre, á tu morada?»
512 Respondióle el prudente Telémaco: «En otras circunstancias te mandaría á mi casa, donde no faltan recursos para hospedar al forastero: mas ahora fuera lo peor para ti, porque yo no estaré y mi madre tampoco te ha de ver; que en el palacio no se muestra á menudo á los pretendientes, antes vive muy apartada en la estancia superior, labrando una tela. Voy á indicarte un varón á cuya casa puedes ir: Eurímaco, preclaro hijo del prudente Pólibo, á quien los itacenses miran ahora como á un numen, pues es, con mucho, el mejor de todos y anhela casarse con mi madre y alcanzar la dignidad real que tuvo Ulises. Mas, Júpiter Olímpico, que vive en el éter, sabe si antes de las bodas hará que luzca para los pretendientes un infausto día.»
525 No hubo acabado de hablar, cuando voló en lo alto, hacia la derecha, un gavilán, el rápido mensajero de Apolo; el cual desplumaba una paloma que tenía entre sus garras, dejando caer las plumas á tierra entre la nave y el mismo Telémaco. Entonces Teoclímeno llamóle á éste, separadamente de los compañeros, le tomó la mano y así le dijo:
531 «¡Telémaco! No sin ordenarlo un dios, voló el ave á tu derecha; pues, mirándola de frente, he comprendido que es agorera. No hay en la población de Ítaca un linaje más real que el vuestro y mandaréis allá perpetuamente.»
535 Respondióle el prudente Telémaco: «Ojalá se cumpliese lo que dices, oh forastero, que bien pronto conocerías mi amistad, pues te hiciera tantos presentes que te considerara dichoso quien contigo se encontrase.»
539 Dijo; y habló así á Pireo, su fiel amigo: «¡Pireo Clítida! Tú, que en las restantes cosas eres el más obediente de los compañeros que me han seguido á Pilos, llévate ahora mi huésped á tu casa, trátale con solícita amistad y hónrale hasta que yo llegue.»
544 Respondióle Pireo, señalado por su lanza: «¡Telémaco! Aunque fuere mucho el tiempo que aquí te detengas, yo me cuidaré de él y no echará de menos los dones de la hospitalidad.»
547 Cuando así hubo hablado, subió á la nave y ordenó á los compañeros que le siguieran y desataran las amarras. Éstos se embarcaron en seguida, sentándose por orden en los bancos. Telémaco se calzó las hermosas sandalias y tomó del tablado del bajel la lanza fuerte y de broncínea punta, mientras los marineros soltaban las amarras.
553 Hiciéronse á la vela y navegaron con rumbo á la población, como se lo mandara Telémaco, hijo amado del divinal Ulises. Y él se fué á buen paso hacia la majada donde tenía innumerables puercos, junto á los cuales pasaba la noche el porquerizo, que tan afecto era á sus señores.