El factor étnico, al que con preferencia se refiere este trabajo, impone de la causa de muchos cambios, como afirma el carácter de nacionalidad por raza en formación. Para que una nacionalidad tal, adquiera sus modalidades distintivas, son necesarias cantidad de adaptaciones y de evoluciones.

Comenzaré pues, por el factor étnico, para estudiar luego las transformaciones materiales, relacionando uno y otras con las disposiciones legales que ha motivado ó que las han favorecido.

El número total de inmigrantes arribados por año, que en 1869 era aproximadamente de 38.000, aumentó con variaciones más ó menos grandes; en 1873 alcanza á 76.000, para disminuir luego y aumentar de nuevo, pasando por primera vez en 1885 de 100.000; en 1889 llega á la cifra de 220.000 y desciende de nuevo: se cuentan en esta línea los llegados por vía de Montevideo.

Á los italianos les correspondió siempre el primer lugar: en 1873, de los 48.000 llegados por vía de ultramar, 27.000 eran italianos; en 1881, de 80.000 eran 63.000; en 1889, 88.000.

Españoles, franceses, ingleses, ocupaban los puestos siguientes y luego los súbditos de los países que los ocupaban también en la época anterior.

Á todos ellos se agregó una nueva corriente de rusos, holandeses, portugueses, norteamericanos en número que obliga á tenerlos en consideración, pues que cruzándose con nacionales y extranjeros de otros países residentes aquí, tendrían también su parte en la formación del tipo argentino.

El gobierno continuó fomentando la inmigración con medidas de índole diversa: unas veces se creyó que la espontánea era la mejor, más económica y más verdadera en el sentido de la posibilidad de su arraigo en el país; otras, en la necesidad de la protección amplia, con pasajes, alimento, tierra garantida; alguna vez se estimó necesaria la propaganda en Europa y fueron comisionados con ese fin. El 10 de agosto de 1869 se creó la Comisión central de inmigración, que duró en su funciones hasta 1874. Sus proyectos, consejos y resoluciones encontraron buena acogida y sus planes de colonización recibieron el apoyo y el concurso de hombres influyentes de todas las nacionalidades[52].

En 1875 se autoriza al poder ejecutivo para fomentar la inmigración dando tierras y facilitando el establecimiento de los inmigrantes. En 1876 se dicta la extensa ley de inmigración y colonización en la que con el convencimiento completo de la necesidad y conveniencia de la inmigración, como asimismo con la visión clara de los medios propios para atraerla, se establecen disposiciones referentes al régimen administrativo y las funciones del departamento de inmigración; á los agentes en el exterior, á las comisiones de inmigración en las ciudades capitales de provincia, á las oficinas de trabajo que debían establecerse en Buenos Aires y en las capitales donde existiera comisión de inmigración; al desembarco de inmigrantes, á los buques conductores de inmigrantes, y beneficios que se les acordaban; al alojamiento y manutención, enfín á la internación y colocación, y los fondos para realizar tales propósitos.

Nuevas medidas dictadas en 1887 y 1889, completaron aquellas benéficas disposiciones, con resoluciones sobre construcción de hoteles de inmigrantes, anticipos de pasajes, propaganda, etc.