INTRODUCCIÓN

1. Correspondencia entre las instituciones y la sociedad que las adopta.—2. Las transformaciones de la sociedad argentina, reveladas por la historia, la sociología y la geografía, y su correspondencia con las instituciones.—3. Factores para su estudio: a) Concepto moderno de la historia; b) Criterios etnológico y económico en sociología; c) Valor de los datos geográficos.—4. Planteamiento de la cuestión tratada en este libro.

1. En 1853, la población argentina, sin contar la de indígenas salvajes, no alcanzaba á 950.000 habitantes, de los cuales sólo 3200 eran extranjeros. En 1910 es próximamente de 6.800.000 habitantes, comprendiendo 2.300.000 extranjeros. Desde 1853 á 1909, entraron al país más de 3.400.000 inmigrantes europeos. La primitiva sociedad de españoles, criollos, indios, negros y mulatos, ha sido aumentada con el número extraordinario de aportes extraños que revelan estas cifras, aun descontando las emigraciones y los decesos. Son evidentes los cambios que simultáneamente se han realizado en la industria, comercio, agricultura, ganadería ...

Por otra parte, es indiscutible la necesidad de que las instituciones políticas y las normas legales que se dicten para un pueblo, respondan, más que á la perfección ideal, á un ideal de adaptación. Sociedad é instituciones deben acordar y su acuerdo es una ley involucrada en otra más general que desde Comte, la historia y la sociología aceptan: «Es que en el fondo de la evolución social, un análisis prolijo descubre una ley de relación y solidaridad, base indiscutible de todo concepto científico de las sociedades, un vínculo poderoso que une á las instituciones, usos, costumbres, ciencias, artes, derecho, religión ... de tal manera que conociendo una de ellas podrá el sociólogo inducir sobre las demás; que la modificación sufrida por cualquiera de los fenómenos repercute en todos, variando su intensidad según los casos. De ahí el débil poder de los gobiernos para alterar el curso de los fenómenos sociales, la ineficacia de las leyes, de los congresos, y de todo el aparato constitucional contemporáneo, que cuando no coincide con las aspiraciones y sentimientos de los gobernados, se apolilla en los archivos de las oficinas públicas»[1].

La afirmación no pretende que lo mejor ó más bueno quede en absoluto relegado porque el pueblo ó el momento no sean propicios para el cambio. Tal cosa sería afirmar que las instituciones políticas y legales no son factores en el adelanto de una sociedad, y conclusión semejante, por exagerada, sería errónea. El principio quiere sólo que no se proceda por saltos, y que si el ideal de lo bueno absoluto ó de lo mejor, debe ser guía en las determinaciones, débese también examinar lo posible antes de aceptar la reforma. No siempre, sin embargo, la práctica ha correspondido á la teoría. Lo bueno absoluto, ha intentado disputar el camino á lo mejor y más útil del momento.

Admito como verdad ya adquirida la afirmación de necesaria correlación entre sociedades é instituciones: cuando un principio se comprueba en los hechos y en la historia sin que lo contradigan excepciones, adquiere los contornos y las cualidades de verdad. De otro modo, la ciencia se hallaría de continuo recomenzando su marcha.

2. Corolario de semejante principio y deducción implícita, es el reconocimiento de que los cambios que determinada sociedad sufra en sus elementos componentes, en sus costumbres, en la forma de su desarrollo, deben llevar como acompañamiento, cambios correspondientes en sus instituciones, á menos que éstas por su elasticidad, sigan respondiendo también á los nuevos aspectos de la sociedad.

Nuestro país es ejemplo de una sociedad en que se altera con frecuencia la proporción de los elementos componentes. Los trasatlánticos descargan á diario millares de individuos de las más diferentes razas naturales ó históricas, que llegan con sus mil costumbres diversas, desde la monogamia estricta hasta la poligamia habitual; con sus ideas religiosas variables, catolicismo, mahometismo, judaísmo, budismo, ateísmo ...; con sus grados diversos de educación desde el pobre inmigrante que no sabe leer ni escribir, que no entiende de números, atacado de miopía intelectual incurable, hasta un Jacques, un Burmeister ó un Berg; llegan desde el judío reducido al culto del centavo y al estudio del tanto por ciento, hasta el músico, el pintor ó el escultor que lleva en sus venas la sangre de veinte generaciones de artistas, que tiene ascendientes en los colosos del Renacimiento, que trabaja todo el día en las faenas más rudas para poder pagar por la noche un lugar incómodo de algún teatro donde podrá absorberse en los encantos de las obras de los compositores italianos ó en las energías y bellezas de la música alemana. Inmigrantes con ideas políticas distintas, desde el autócrata ruso hasta el anarquista que reniega de toda patria y que origina en alguno el pensamiento, anárquico también, de declararlo fuera de toda ley ...

El indio también concurre, y antiguo señor de la tierra se somete á la civilización que otrora lo venciera: acude á las ciudades y á los establecimientos de campo. Alguna vez se cruza todavía con los elementos de la raza superior. Toma ideas, las amolda, las transforma y obliga al sociólogo argentino á dedicarle capítulos de sus estudios. Y los negros y mestizos de la época colonial, los criollos y españoles han impreso también su sello más ó menos débil ó fuerte. La caída de Rozas abre las puertas á todas las naciones. La avalancha aumenta. No son los llegados, elementos en reducido número que hagan simplemente evolucionar ó modificar la sociedad. Pueden serlo en las provincias del interior, donde los cambios son más lentos. Mas en la capital y en el litoral son algo más: son elementos que transforman la sociedad, la superponen, la substituyen. Algunos escritores implícitamente admiten esta aseveración; otros la manifiestan en términos más concretos. «Si debiera dar una denominación científica á este fenómeno, le llamaría substitución de la sociabilidad argentina y no emplearía como muchos otros, el de evolución argentina, porque éste no expresa con verdad el hecho, si se ha de respetar el concepto propio de la palabra ... Las grandes emigraciones de los pueblos no pueden llamarse evolución del pueblo ó de la raza cuya tierra van á ocupar. A nadie se le ocurre decir que la raza indígena de esta parte de América, ha evolucionado hasta constituír nuestra sociedad actual»[2].

La geografía física que preordenó una forma de distribución de individuos, mantiene su importancia en las nuevas distribuciones: la económica aporta caudal de conocimientos, que hacen más visible la transformación: y la inmigración, la ganadería, la agricultura, la colonización, los ferrocarriles, son factores de primera magnitud en la solución del problema.