E este privado había en su casa un su cativo que era muy sabio homne et muy grant filósofo. Et todas las cosas que aquel privado del rey había de facer, et los consejos quel había de dar, todo lo facía por consejo de aquel su cativo que tenía en casa.
Et luego que el privado se partió del rey, fuese para aquel su cativo, et contol todo lo quel conteciera con el rey, dandol a entender con muy grant placer et muy grand alegría cuanto de buena ventura era, pues el rey le quería dejar todo el reino et su fijo en su poder.
E cuando el filósofo que estaba cativo oyó decir a su señor todo lo que le había pasado con el rey, et como el rey entendiera que quería él tomar en poder a su fijo et al regno, entendió que era caido en grant yerro, e comenzolo a maltraer muy fieramente, et dijol: que fuese cierto que era en muy grant peligro del cuerpo et de toda su facienda; ca todo aquello quel rey le dijiera, non fuera porque el rey hobiese voluntad de lo facer, sinón que algunos quel querian mal, habían puesto al rey quel dijiese aquellas razones por le probar, et pues entendiera el rey quel placía, que fuese cierto que tenía el cuerpo et su facienda en muy grant peligro.
E cuando el privado del rey oyó aquellas razones, fué en muy grant cuita, ca entendió verdaderamente que todo era asi como aquel su cativo lo había dicho. Et desque aquel sabio que tenía en su casa le vió en tan grant cuita, consejol que tomase una manera como podríe escusar aquel peligro en que estaba.
Et la manera fué esta: luego, aquella noche, fuese a raer la cabeza et la barba, et cató una vestidura muy mala et toda apedazada, tal cual suelen traer estos homes que andan pidiendo las limosnas andando en sus romerías, et un bordón, et unos zapatos rotos et bien ferrados, et metió entre las costuras de aquellos pedazos de su vestidura una grant cuantía de doblas. Et ante que amaniciese fuese para la puerta del rey, et dijo a un portero que y falló, que dijiese al rey que se levantase porque se pudiese ir ante que la gente despertase, ca él allí estaba esperando, et mandol que lo dijese al rey en grant poridat. Et el portero fué muy maravillado cuandol vió venir en tal manera, et entró al rey et díjogelo así como aquel su privado le mandara. E desto se maravilló mucho el rey, et mandó quel dejase entrar.
E desque lo vió como vinía, preguntol porqué ficiera aquello. E el privado le dijo que bien sabía como le dijiera que se quería ir desterrar, et pues él así lo quería facer, que nunca quisiese Dios que él desconosciese cuanto bien le feciera; et que así como de la honra et del bien que el rey hobiera, tomara muy grant parte; que así era muy grant razón que de la laceria et del desterramiento que el rey quería tomar, que él otrosí tomase ende su parte; et, pues el rey non se dolía de su mujer et de su fijo, et del regno et de lo que acá dejaba, que non era razón que se doliese él de lo suyo, et que iría con él, et le serviría en manera que ningún home non gelo pudiese entender, et que aún él llevaba tanto haber metido en aquella su vestidura que les abondaría asaz en toda su vida, et que, pues que a irse habían, que se fuesen ante que pudiesen ser conoscidos. E cuando el rey entendió todas aquellas cosas que aquel su privado le dicía, tovo que se lo dicía todo con lealtad, et gradesciógelo mucho, et contol toda la manera en como hobiera a seer engañado et que todo aquello le ficiera el rey por le probar. Et así, hobiera a seer aquel privado engañado por mala cobdicia, et quisol Dios guardar, et fué guardado por consejo del sabio que tenía cativo en su casa.
Et vos, Señor Conde Lucanor, ha menester que vos guardedes que non seades engañado deste que tenedes por amigo; ca cierto sed, que esto que vos dijo, que non lo fizo sinón por probar que es lo que tiene en vos. Et conviene que en tal manera fabledes con él, que entienda que queredes toda su pro et su honra, et que non habedes cobdicia de ninguna cosa de lo suyo, ca si homne estas dos cosas non guarda a su amigo, non puede durar entre ellos el amor luengamente.
Et el conde se falló por bien aconsejado del consejo de Patronio, su consejero, et fízolo commo le consejara, et fallose ende bien.
Et entendiendo don Johan, que este enjemplo era muy bueno, fízolo escribir en este libro, et fizo estos viesos en que se pone la sentencia del enjemplo. Et los viesos dicen así:
Non vos engañedes, nin creades que en donado