—Amigo, non cuides que yo tampoco sabía que non entendía cuales partes escogistes vos siempre et cuales diestes a mi; pero nunca vos demandé yo nada de las vuestras partes, et pasé muy lazdramente con las partes que me vos dábades, e vos nunca vos doliestes nin hobiestes mensura contra mi, e pues si agora Dios vos trajo a lugar que habedes mester algo de lo mío, non vos maravilledes si vos lo non quiero dar, et acordatvos de lo que me feciestes et sofrid esto por lo al.
E cuando el Mal entendió que el Bien dicía verdat et que su fijo sería muerto por esta manera, fué muy mal cuitado et comenzó a rogar et pedir merced al Bien que por amor de Dios hobiese piedat da quella criatura, et que non parase mientes a las sus maldades, et que dallí adelante siempre faría cuanto mandase.
E desque el Bien esto vió, tovo quel ficiera Dios mucho bien en traerlo a lugar que viese el Mal que non podía guarescer sinón por la bondat del Bien, et tovo que esto le era muy grand enmienda et dijo al Mal, que, si quería que consintiese que diese la mujer leche a su fijo, que tomase el mozo a cuestas et andudiese por la villa pregonando en guisa que lo oyesen todos, et que dijiese:
—«Amigos, sabet que con bien vence el Bien al Mal»: et faciendo esto que consintiría quel diese la leche. E desto plogo mucho al Mal, et tovo que había de muy buen mercado la vida de su fijo, et el Bien tovo que había muy buena enmienda. Et fízose así. Et sopieron todos, que siempre el Bien vence con bien.
Mas al homne bueno contesció de otra guisa con el loco et fué así:
Un homne bono había un baño, et el loco vinía al baño cuando las gentes se bañaban et dábales tantos golpes con los cubos, et con piedras, et con palos, et con cuanto fallaba, que ya homne del mundo non osaba ir al baño de aquel homne bueno. Et perdió su renta.
Et cuando el homne bueno vió que aquel loco le facía perder la renta del baño, madrugó un día et metiose en el baño ante que el loco viniese. Et desnuyose et tomó un cubo de agua bien caliente, et una grand maza de madero. Et cuando el loco que solía venir al baño para ferir los que se bañasen llegó, enderezó al baño como solía. Et cuando el homne bueno que estaba atendiendo desnuyo le vió entrar, dejose ir a él muy bravo et muy sañudo, et diol con el cubo del agua caliente por cima de la cabeza, et metió mano a la maza et diol tantos et tales colpes con ella por la cabeza et por el cuerpo, que el loco cuidó ser muerto, et cuidó que aquel homne bueno, que era loco. Et salió dando muy grandes voces et topó con un homne et preguntol cómo vinía así dando voces et quejándose tanto: et el loco dijo:
—Amigo, guardatvos, que sabet que otro loco ha en el baño.
—Et vos señor conde Lucanor, con estos vuestros vecinos pasat así: con el que habedes tales debdos que en toda guisa creed que siempre seades amigos, facedle siempre buenas obras, et aunque vos faga algunos enojos, datle posada et acorredle siempre al su mester, pero siempre lo faced dandol a entender que lo facedes por los debdos et por el amor quel habedes, mas non por vencimiento: mas al otro con quien non habedes tales debdos en ninguna guisa non le sufrades cosa del mundo, mas dadle bien a entender que por quequier que vos faga todo se aventurará sobrello; ca bien cred que los malos amigos, que más guardan el amor por barata et por recelo, que por otra buena voluntad.
E el conde tovo este por muy buen consejo et fízolo así, et fallose ende muy bien.