E luego que la oración fué acabada por el miraglo de Dios, engafeció el conde su marido, et ella partiose dél. Et luego que fueron partidos envió el Rey de Navarra sus mandaderos a la dueña, et casó con ella, et fué reina de Navarra.
E el conde seyendo gafo, et veyendo que non podía guarescer, fuese para la Tierra Sancta en romería para morir allá. Et como quier que él era muy honrado et había muchos buenos vasallos, non fueron con él sinón estos tres caballeros dichos, et moraron allá tanto tiempo que les cumplió lo que levaron de su tierra et hobieron de venir a tan gran pobreza, que non habían cosa que dar al conde, su señor, para comer; et por la grand mengua alquilábanse cada día los dos en la plaza et el uno fincaba con el conde et de lo que ganaban de su alquile gobernaban a su señor et a si mismos. Et cada noche bañaban al conde et alimpiábanle las llagas de aquella gafedat.
Et acaesció, que en lavándole una noche los pies et las piernas, que por aventura hobieron mester de escopir et escupieron. E cuando el conde vió que todos escupieron cuidando que todos lo facían por asco que dél tomaban, comenzó a llorar et a quejarse del grant pesar et quebranto que daquello hobiera.
Et porque el conde entendiese que non habían asco de la su dolencia, tomaron con las manos daquella agua que estaba llena de podre et de aquellas pustuellas que salían de las llagas de la gafedat que el conde había, et bebieron della muy grand pieza. Et pasando con el conde su señor tal vida, fincaron con él fasta que el conde murió.
Et porque ellos tovieron que les sería mengua de tornar a Castilla sin su señor, vivo o muerto, non quisieron venir sin él. Et como quier que les dicían quel ficiesen cocer e que levasen los sus huesos, dijieron ellos que tampoco consintirian que ninguno pusiese la mano en su señor seyendo muerto como si fuese vivo. Et non consintieron quel cociesen, mas enterráronlo et esperaron tanto tiempo fasta que fué toda la carne desfecha. Et metieron los huesos en una arquita, et traíenlos a veces a cuestas.
Et así vinían pidiendo las raciones e trayendo a su señor a cuestas, pero traían testimonio de todo esto que les había contescido. Et viniendo ellos tan pobres, pero tan bien andantes, llegaron a tierra de Tolosa et entrando por una villa toparon con muy grand gente que levaban a quemar una dueña muy honrada porque la acusaba un hermano de su marido. Et dicían que si algún caballero non la salvase, que cumpliesen en ella aquella justicia, et non fallaban caballero que la salvase.
E cuando don Pero Nuñez el Leal et de buena ventura, entendió que por mengua de caballero facían aquella justicia de aquella dueña, dijo a sus compañeros: que si él sopiese que la dueña era sin culpa, que él la salvaría.
Et fuese luego para la dueña et preguntol la verdat de aquel fecho. Et ella dijol, que ciertamente ella nunca ficiera aquel yerro de que la acusaban, mas, que fuera su talante de lo facer.
Et como quier que don Pero Núñez entendió que, pues ella de su talante quisiera facer lo que non debía, que non podía seer que algun mal non le contesciese a él que la quería salvar, pero pues lo había comenzado et sabía que non ficiera todo el yerro de que la acusaban, dijo, que él la salvaría.
Et como quier que los acusadores lo cuidaron desechar diciendo que non era caballero, desque mostró el testimonio que traía non lo pudieron desechar. Et los parientes de la dueña diéronle caballo et armas, et ante que entrase en el campo dijo a sus parientes que con la merced de Dios, que él fincaría con honra et salvaría la dueña, mas que non podía seer que a él non le viniese alguna ocasión por lo que la dueña quisiera facer.