Et desque entraron en el campo, ayudó Dios a don Pero Nuñez, et venció la lid et salvó la dueña, pero perdió y don Pero Nuñez el ojo, et así se cumplió todo lo que don Pero Nuñez dijiera ante que entrase en el campo.

E la dueña et los parientes dieron tanto haber a don Pero Nuñez con que pudieron traer los huesos del conde su señor, ya cuanto más sin laceria que ante.

E cuando las nuevas llegaron al Rey de Castilla de como aquellos bien andantes caballeros vinían et traían los huesos del conde, su señor, et como vinían tan bien andantes plógole mucho ende et gradesció mucho a Dios porque eran del su regno homnes que tal cosa ficieran. Et envioles mandar que viniesen de pié así mal vestidos como vinían. E el día que hobieron de entrar en el su regno de Castilla, saliolos a recibir el rey de pié bien cinco leguas ante que llegasen al su regno, et fízoles tanto bien que hoy en día son heredados los que vienen de sus linajes de lo que el Rey les dió.

Et el Rey, et todos cuantos eran con él, por facer honra al conde et señaladamente por la facer a los caballeros, fueron con los huesos del conde fasta Osma do lo enterraron. Et desque fué enterrado fuéronse los caballeros para sus casas.

Et el día que Roy Gonzalez llegó a su casa cuando se asentó a la mesa con su mujer, desque la buena dueña vió la vianda ante sí, alzó las manos contra Dios et dijo:

—¡Señor!, ¡bendito seas tu que me dejaste veer este día, ca tu sabes que despues que don Roy Gonzalez se partió desta tierra, que esta es la primera carne que yo comí, et el primero vino que yo bebí!

A don Roy Gonzalez pesó por esto, et preguntol porqué lo ficiera. Et ella dijol que bien sabía él que, cuando se fuera con el conde, quel dijiera que él nunca tornaría sin el conde et ella que visquiese como buena dueña, que nunca le menguaría pan et agua en su casa, et pues él esto le dijiera, que non era razón quel saliese ella de mandado et por esto nunca comiera nin bebiera sinón pan et agua.

E otrosí, desque don Pero Nuñez llegó a su casa, desque fincaron él et su mujer et sus parientes sin otra compaña, la buena dueña et sus parientes con el grand placer que habían, comenzaron a reir. Et cuidando don Pero Nuñez que facían escarnio dél porque perdiera el ojo, cubrió el manto por la cabeza et echose muy triste en la cama. Et cuando la buena dueña lo vió así ser triste hobo ende muy grand pesar et tanto le afincó fasta quel hobo a decir que se sintía mucho porquel facían escarnio por el ojo que perdiera.

E cuando la buena dueña esto oyó, diose con una aguja en el su ojo, et quebrolo, et dijo a don Pero Nuñez, que aquello ficiera ella porque si alguna vez riese, que nunca él cuidase que reía por le facer escarnio.

Et así fizo Dios bien en todos aquellos buenos caballeros por el bien que ficieron.