—Señor conde—dijo Patronio—para que vos fagades en esto lo que vos más cumple, placerme hía que sepades lo que contesció a un homne con el Diablo.
E el conde le preguntó como fuera aquello.
—Señor conde—dijo Patronio—un homne fuera muy rico et llegó a tan grand pobreza que non había cosa de que se mantener. Et porque non ha en el mundo tan grand desventura como seer muy mal andante el que suele seer bien andante, por ende aquel homne que fuera muy bien andante e era llegado a tan gran mengua, se sintía dello mucho. Et un día, iba en su cabo, solo, por un monte muy triste et cuidando muy fieramente, et yendo así tan coitado encontrose con el Diablo.
Et como el Diablo sabe todas las cosas pasadas, sabía el coidado en que vinía aquel homne, et preguntol porque vinía tan triste. Et el homne díjole: que para qué gelo diría, ca él non le podría dar consejo en la tristeza que él había.
Et el Diablo díjole; que, si él quisiese facer lo que él le diría, que él le daría cobro paral cuidado que había et porque entendiese que lo podía facer, quel diría en lo que vinía cuidando et la razón porque estaba tan triste. E estonce le contó toda su facienda et la razón de su tristeza como aquel que la sabía muy bien. Et díjol que, si quisiese facer lo que él le diría, que él le sacaria de toda laceria et lo faría más rico que nunca fuera él nin homne de su linaje, ca el era el Diablo et había poder de lo facer.
E cuando el homne oyó decir que era el Diablo tomó ende muy grand recelo, pero por la grant cuita et grant mengua en que estaba, dijo al Diablo que si él le diese manera como pudiese seer rico, que faría cuanto él quisiese.
Et bien cred que el Diablo siempre cata tiempo para engañar a los homnes; e cuando vee que están en alguna queja, o de mengua, o de miedo, o de querer complir su talante, estonce libra él con ellos todo lo que quiere, et así cató manera para engañar a aquel homne en el tiempo que estaba en aquella coita.
E estonce ficieron sus posturas en uno, et el homne fué su vasallo. E desque las avenencias fueron fechas, dijo el Diablo al homne; que dallí adelante, que fuese a furtar, ca nunca fallaría puerta nin casa, por bien cerrada que fuese, que él non gela abriese luego, et si por aventura en alguna priesa se viese o fuese preso, que luego que lo llamase et le dijiese: «Acorredme, don Martín», que luego fuese con él et lo libraría de aquel periglo en que estudiese.
E las posturas fechas entre ellos, partiéronse.
Et el homne enderezó a casa de un mercadero de noche oscura; ca los que mal quieren facer siempre aborrecen la lumbre: et luego que llegó a la puerta el diablo abriógela, et eso mismo fizo a las arcas en guisa que luego hobo ende muy grant haber.