—Amigos, ¡quien vió nunca que menguase soga para enforcar homne! Ciertamente este homne non es culpado, et Dios non quiere que muera et por eso nos mengua la soga; mas tengámoslo fasta cras, et veremos más en este fecho; ca si culpado es y se finca para complir cras la justicia.

Et esto facía el alcalde por lo librar por los quinientos maravedis que cuidaba quel había dado: Et habiendo esto así acordado, apartose el alcalde et abrió la limosnera et cuidando fallar los quinientos maravedís non falló los dineros; mas falló una soga en la limosnera. Et luego que esto vió mandol enforcar.

Et poniéndolo en la forca vino don Martín et el homne le dijo que le acorriese. Et don Martín le dijo: que siempre él acorría a todos sus amigos fasta que los llegaba a tal lugar.

Et así perdió aquel homne el cuerpo et el alma creyendo al Diablo et fiando dél. Et cierto sed que nunca homne dél creyó nin fió que non llegase a haber mala postremería; sinón, parad mientes a todos los agoreros, o sorteros, o adevinos, o otros que facen cercos o encantamientos et destas cosas cualesquier, et veredes, que siempre hobieron malos acabamientos. Et si non me credes, acordat vos de Alvar Nuñez et de Garcilaso que fueron los homnes del mundo que más fiaron en agüeros et en estas tales cosas, e veredes cual acabamiento hobieron.

Et vos señor conde Lucanor, si bien queredes facer vuestra facienda paral cuerpo et paral alma, fiat derechamente en Dios et ponet en él toda vuestra esperanza et vos ayudatvos cuanto pudierdes et Dios ayudarvos ha. Et non creades nin fiédes en agüeros, nin en otro devanes, ca cierto sed, que de los pecados del mundo con que a Dios más pesa et que homne mayor tuerto et mayor desconosimiento face a Dios, es en catar agüeros et estas tales cosas.

E el conde tovo este por buen consejo et fízolo et fallose muy bien dello.

Et porque don Johán, tovo este por buen ejiemplo, fízolo escribir en este libro et fizo estos viesos que dicen así:

El que en Dios non pone su esperanza,

Morrá mala muerte, habrá mala andanza[46].

[46] En el Arcipreste de Hita, «el ladrón que fizo carta al Diablo de su ánima»; imposible resumir en pocas palabras la historia de este cuento, basada en el vulgar pacto diabólico; recuérdese en la literatura española el Mágico prodigioso, de Calderón, y en la universal el Fausto, bien entendido que no se señalan por imitaciones de D. Juan Manuel—la distancia en los asuntos es inmensa—sino por dar idea de la universalidad e infinita variedad del tema.