Fablaba el conde Lucanor un día con Patronio, su consejero, en esta guisa:

—Patronio, bien sé yo ciertamente que vos habedes tal entendimiento que homne de los que son agora en esta tierra non podría dar tan buen recabdo a ninguna cosa quel preguntasen como vos. Et por ende, vos ruego, que me digades cual es la mejor cosa que homne puede haber en si. Et esto vos pregunto porque bien entiendo, que muchas cosas ha mester el homne para saber acertar en lo mejor et facerlo, ca por entender homne la cosa et non obrar della bien, non tengo que mejora mucho en su facienda. Et porque las cosas son tantas, querría saber a lo menos una porque siempre me acordase della para la guardar.

—Señor conde Lucanor—dijo Patronio—vos por vuestra merced me loades mucho et señaladamente decides que yo he muy grant entendimiento. Et señor conde, yo recelo que vos engañades en esto. Et bien cred, que non ha cosa en el mundo en que homne tanto nin tan de lijero se engañe como enconoscer los homnes cuales son en si et cual entendimiento han. Et estas son dos cosas: la una, cual es el homne en si: e la otra, qué entendimiento ha. Et para saber cual es en si, hase de mostrar en las obras que face a Dios e al mundo, ca muchos parescen que facen buenas obras, et non son buenas que todo el su bien es para este mundo. Et creet que esta bondat, que les costará muy cara, ca por este bien que dura un día, sufrirán mucho mal sin fin. Et otros facen buenas obras para servicio de Dios et non cuidan en lo del mundo, et como quier que estos escogen la mejor parte et la que nunca les será tirada nin la perderán; pero los unos nin los otros non guardan entreamas las carreras que son lo de Dios et del mundo.

Et para las guardar amas, ha mester muy buenas obras et muy grant entendimiento, que tan grave cosa es de facer esto como meter la mano en el fuego et non sentir la su calentura; pero, ayudándole Dios, et ayudándose el homne todo se puede facer; ca ya fueron muchos buenos reis et otros homnes sanctos, pues estos buenos fueron a Dios et al mundo. Et otrosí, para saber cual ha buen entendimiento ha mester muchas cosas, ca muchos dicen muy buenas palabras et grandes sesos et non facen sus faciendas tan bien como les cumple; e otros traen muy bien sus faciendas et non saben o non quieren o non pueden decir tres palabras a derechas; e otros fablan muy bien et facen muy bien sus faciendas, mas son de malas entenciones, et como quier que obran bien para si, obran malas obras para las gentes. Et destos tales, dice la Scriptura, que son tales como el loco que tiene la espada en la mano, e como el mal príncipe que ha grant poder.

Mas, para que vos et todos los homnes podades cognoscer cual es bueno a Dios, et al mundo, et cual es de buen entendimiento, et cual es de buena palabra, et cual es de buena entención, e para lo escoger verdaderamente conviene que non judguedes a ninguno sinón por las obras que ficiere luengamente, et non poco tiempo, et por como viéredes que mejora o que peora su facienda, ca en estas dos cosas se paresce todo lo que desuso es dicho.

Et todas estas razones vos dije agora, porque vos loades mucho a mi et al mio entendimiento, et so cierto que, desque a todas estas cosas catásedes, que me non loaredes tanto. Et a lo que me preguntastes que vos dijiese cual era la mejor cosa que homne podía haber en si, para saber desto la verdat, quería mucho que sopiésedes lo que contesció a Saladín con una muy buena dueña, mujer de un caballero su vasallo.

E el conde le preguntó como fuera aquello.

—Señor conde Lucanor—dijo Patronio—Saladín era soldán de Babilonia et traía consigo siempre muy grant gente; et un día porque todos non podían posar con él, fué posar a casa de un caballero.

Et cuando el caballero vió a su señor que era tan honrado en su casa, fízole cuanto servicio et cuanto placer pudo, et él et su mujer et sus fijos et sus fijas servíanle cuanto podían. Et el Diablo que siempre se trabaja por que faga el homne lo más desaguisado puso en el talante de Saladín que olvidase todo lo que debía guardar et que amase aquella dueña non como debía.

Et el amor fué tan grande, quel hobo de traer a consejarse con un su mal consejero, en qué manera podría complir lo que él quería. Et debedes saber que todos debían rogar a Dios que guardase a su señor de querer facer mal fecho, ca si el señor lo quiere, cierto seed que nunca menguará quien gelo conseje et quien le ayude a lo complir.