Qui por caballero se toviere,

Mas debe desear este salto,

Que non si en la orden se metiere,

O se encerrase tras muro alto[9].

[9] El modo de iniciarse el cuento, y lo que constituye su fondo ideal, es muy semejante al tema que Tirso de Molina desarrolló en su Condenado por desconfiado. (Vid. sobre los orígenes de esta obra capital del Teatro español, el discurso de recepción en la Real Academia Española de don Ramón Menéndez Pidal, 1902); según Menéndez y Pelayo, «Don Juan Manuel trató el tema a lo caballeresco, Tirso a lo teológico». Las raíces del cuento están en Egipto, y una de las versiones más antiguas y completas es la leyenda de S. Pafnucio, uno de los padres del yermo.

La cruzada en que sucede este hecho que cuenta Patronio fué la tercera; constó de dos expediciones, una por tierra, de Federico I Barbarroja, emperador de Alemania, en 1189; marítima otra, en 1190, mandada por Felipe Augusto de Francia y por Ricardo Corazón de León, de Inglaterra. Nárrase por extenso esta cruzada en los capítulos CXCIV y ss. del Libro IV de La gran Conquista de Ultramar (tomo XLIV de la Bb. de AA. EE.), obra seguramente muy leída por Don Juan Manuel; pero en ella no encuentro referencia del salto del Rey de Inglaterra.

El núcleo del cuento, tomado de una antigua narración, De saltu Templarii. Según Knust.

EXEMPLO IV

De lo que dijo un genovés a su alma, cuando se hobo de morir.

Un dia fablaba el conde Lucanor con Patronio, su consejero, et contabal su facienda en esta manera: