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COPYRIGHT, 1920 BY
EDITORIAL «SATURNINO CALLEJA», S. A.
Imp. Jaime Ratés.—Madrid.
PRÓLOGO
«Estando el año pasado en la corte de su Magestad, vino a mis manos este libro del conde Lucanor, que por ser de autor tan ilustre me aficioné a leerle, y comencé luego a hallar en él un gusto de la propriedad y antigüedad de la lengua castellana, que me obligó a comunicarlo a los ingenios curiosos y aficionados a las cosas de su nación; porque juzgaba ser cosa indigna que un Príncipe tan discreto y cortesano y de la mejor lengua de aquel tiempo, anduviese en tan pocas manos.»
Estas palabras, que Gonzalo Argote de Molina puso a la cabeza de la primera edición del Conde Lucanor en 1575, no han perdido actualidad; el «libro de los buenos consejos» es en nuestros días más famoso que leído, y no ha alcanzado la difusión de que es merecedor; ni edición crítica, ni popular y legible de él se ha impreso hasta hoy; y quien desee leerlo ha de acudir a los indigestos volúmenes de la Biblioteca de Autores Españoles, ya que las lindas impresiones de Krapf son costosas y raras como libros de bibliófilo, y la de Knust es inasequible a la mayoría.
A dar un texto de lectura fácil y de tamaño cómodo viene esta edición, que por no estar hecha para «los hombres que saben», carece de todo aparato erudito y de todo empeño de exactitud paleográfica; acéptase en ella, como base, el texto central de Knust, que reproduce el manuscrito más completo, y se moderniza la ortografía—según uso de esta Biblioteca—siguiendo, en especial, la pauta que ha hecho legible a todos el Calila y Dimna.
Es el Conde Lucanor un «exemplario», pero el más bello que se haya escrito nunca; «comparte con el Decamerón la gloria de haber creado la prosa novelesca de Europa», con la ventaja, por parte de la obra del nieto del Rey Santo, de estar terminada ya trece años antes de la peste de Florencia (1348), ocasión de que fuesen narrados los cien inmortales cuentos de Boccaccio.
Se desarrolla la obra en forma de conversación entre un Príncipe, el Conde Lucanor, y su consejero Patronio; las características de Lucanor apenas se declaran en el libro; era señor de vasallos y de estados grandes y estaba en edad no muy moza; las dudas que en su espíritu surgen por asuntos de gobierno o del continuo trato del mundo, resuélvelas su consejero con ejemplos, de los que extrae a su fin sendas reflexiones provechosas condensadas en graciosos viesos. Esto en la primera parte, que consta de cincuenta y un ejemplos[1]. Las tres o las cuatro restantes son de interés y valor muy escasos. La segunda comienza por un razonamiento «por amor de Don Jaime Señor de Xérica», gran amigo de Don Juan Manuel, que le pidió escribiese «más oscuro»; siguen cien proverbios, en su mayor parte lugares comunes de la filosofía moral de la época, expresados a veces con raro acierto y concisión; análoga es la tercera parte (que hasta hoy se ha impreso siempre comprendida en la segunda, y que en esta edición se desglosa, siguiendo el parecer de Doña María Goyri de Menéndez Pidal). La cuarta (tercera en las anteriores impresiones), por una infantil ocurrencia de D. Juan Manuel es punto menos que ininteligible; queriendo hablar «oscuro» y «menos declarado», trueca en completo desorden las palabras, y resultan logogrifos las más vulgares moralidades; la quinta parte (antes cuarta) está constituída por unos amenos razonamientos teológicos: entre ellos figura un bello apólogo. Desde la parte segunda la conversación del Conde y Patronio casi se pierde en un continuo monólogo del consejero.