[1] En el Códice Puñonrostro figuran dos apólogos, que seguramente no son obra de D. Juan Manuel, pero están hermosamente escritos; uno de ellos, según Menéndez y Pelayo, es el cuento de «El durmiente despierto» de las Mil y una noches. El mismo Menéndez y Pelayo no cree tampoco obra de D. Juan Manuel el ejemplo cincuenta.

El lunes 12 de Junio de 1335, estando en su castillo de Salmerón, ganado a los moros, en tierra de Murcia, firma D. Juan Manuel la última hoja del libro de Patronio, comenzado quizá dos o tres años antes. Andaba el Príncipe moralista y guerrero en los cincuenta y tres de su edad al acabar su obra maestra, pues él mismo declara había nacido «en Escalona, martes cinco de Mayo, era de mil et CCC et XX años» (1282 de Cristo).

Hijo del Infante Don Manuel y de su segunda mujer Doña Beatriz de Saboya, desde su nacimiento fué Señor de Peñafiel[2] y gozó del singular privilegio de armar caballeros; a los doce años, su primo Sancho IV le manda a Murcia como Adelantado Mayor de la Frontera, y venturoso en las armas, derrota en Vera a los moros; plácele tanto al Rey esta juvenil victoria, que cuando D. Juan descansaba en el invierno en su señorío, va a visitarle, y encontrando desmantelada y pobre la fortaleza, le hace merced de dineros para que pueda reedificar el castillo, que aun hoy señorea el Duratón y el Duero.

[2] La donación de Peñafiel a D. Juan, fué en el mismo año de su nacimiento. En 1318 fundó el Convento de Dominicos donde se enterró. En 1345 reedificó parte de las fortificaciones. Para el estado actual del castillo y del convento, vid. Ortega y Rubio: Los pueblos de la provincia de Valladolid, t. II, páginas 230 y 55; y el Boletín de la Sociedad Castellana de Excursiones, t. I, 1903, páginas 61 y siguientes.

Sería interminable referir por menor la vida de Don Juan Manuel; tres veces casado, suegro de dos reyes, y a nadie fiel por largo tiempo; su política fué un perpetuo cambiar; no hubo disensión en las tristes minoridades del Rey Emplazado y de Alfonso el onceno en que no jugase papel preponderante; su lealtad a la prudente Doña María de Molina, que tanto le encargara Sancho el Bravo en su lecho de muerte, flaqueó más de una vez; y ya se le ve al lado del revoltoso Infante Don Pedro; ya al de Don Juan el Tuerto; ya al del Infante de la Cerda; ya, en fin, se «desnatura» hasta tres veces, y en una llega a hacer alianza con el Rey moro de Granada contra su natural Señor.

No eran los tiempos sazón de leales; y los hijos de los Infantes de Castilla, como decía el Arzobispo de Santiago D. Rodrigo del Padrón, «fuera mejor si fueran mejores, et nunca fallamos que fueran muy buenos»; y D. Juan Manuel en su vida era un hombre de su época, hacía lo que todos; «recelamos—seguía diciéndole el buen Don Rodrigo—que non queredes fincar sólo, et queredes facer como los otros».

En 1335, por la amenaza de la invasión almohade, apacíguanse un tanto las luchas de Castilla, y Don Juan Manuel, reconciliado con Alfonso XI, aprovecha quizá aquel alto en su constante pelear, y recoge en el Libro de Patronio la experiencia que el tráfago de la vida inquieta había sedimentado en su espíritu, y la varia lectura que había sido su consuelo en el chocar de odios, ambiciones e intereses de que era semillero Castilla toda.

Mas pronto se rompe de nuevo la tregua, y Don Juan, solo con sus vasallos, lucha cuatro años contra el Rey; lógrase, por fin, el 10 de Junio de 1340 cumplida paz, la «más honrada que nunca se falla que la hobiese home en España». Como varón de consejo acompaña al Rey a las gloriosas jornadas del Salado y Algeciras, y al fin de sus días aún se oye su voz autorizada en las Cortes de Alcalá, de las que salió el «Ordenamiento»[3]. Era entonces D. Juan tan poderoso, que «podía ir del regno de Navarra hasta el regno de Granada, posando cada noche en villa cercada et castillos suyos». En sus últimos tiempos placíale vivir en Peñafiel, y en los buenos días del otoño bajaría de su castillo, y rodeado de sus deudos y de discretos «fraires predicadores» de su convento, en alguna olmeda de la ribera del Duratón, contaría el anciano, despaciosamente, algún «exemplo», sazonado con avisos y moralidades «de mucha sciencia».

[3] Varón de consejo y de resolución, tal era el común sentir acerca de D. Juan Manuel; muchos años después de su muerte, cuando Don Fernando, Infante de Castilla, después Rey de Aragón, tenía puesto cerco a Antequera, habiendo dudas en los caudillos de si aventurarse o no a tomar una áspera sierra que era de moros, exclamó el Infante: «Por cierto mengua face aquí mi bisabuelo Don Juan Manuel.» Lo cuenta Argote de Molina.

La fecha de su muerte se desconoce, pero hubo de acaecer antes de Agosto de 1349, en que ya se titulaba Señor de Villena su hijo Fernando[4].