E el conde le rogó quel dijiese como fuera aquello.

—Señor conde—dijo Patronio—, el sancto et bienaventurado rey don Ferrando tenía cercada a Sevilla; et entre muchos buenos que eran y con él, había y tres caballeros que tenían por los mejores tres caballeros d’armas que entonce había en el mundo: et decían al uno don Lorenzo Suarez Gallinato, et al otro don García Periz de Vargas, et del otro non me acuerdo del nombre. Et estos tres caballeros hobieron un día porfía entre sí cual era el mejor caballero d’armas. Et porque non se pudieron avenir en otra manera acordaron todos tres que se armasen muy bien, et que llegasen fasta las puertas de Sevilla, en guisa que diesen con las lanzas a la puerta.

Et otro día de mañana, armáronse todos tres et enderezaron a la villa; et los moros que estaban por el muro et por las torres, desque vieron que non eran más de tres caballeros cuidaron que vinían por mandaderos, et non salió ninguno a ellos, et los tres caballeros pasaron la cava, et la barbacana, e llegaron a la puerta de la villa, et dieron de los cuentos de las lanzas en ella; et desque hobieron fecho esto volvieron las riendas a los caballos et tornáronse para la hueste.

Et desque los moros vieron que non les dicían ninguna cosa, toviéronse por escarnidos et comenzaron a ir en pos dellos; et cuando ellos hobieron abierto la puerta de la villa, los tres caballeros que se tornaban su paso, eran ya cuanto alongados; et salieron en pos dellos más de mil et quinientos homes a caballo, et más de veinte mil a pié. Et desque los tres caballeros vieron que vinían cerca dellos, volvieron las riendas de los caballos contra ellos et asperáronlos. Et cuando los moros fueron cerca dellos, aquel caballero de que olvidé el nombre, enderezó a ellos et fuelos a ferir. Et don Lorenzo Suarez et don García Periz estudieron quedos; et desque los moros fueron más cerca don García Periz de Vargas fuelos ferir; et don Lorenzo Suarez estudo quedo, et nunca fué a ellos fasta que los moros le fueron ferir; et desque lo comenzaron a ferir, metiose entrellos et comenzó a facer cosas maravillosas d’armas.

Et cuando los del real vieron aquellos caballeros entre los moros, fuéronles acorrer. Et como quier que ellos estaban en muy grand priesa et ellos fueron feridos, fué la merced de Dios que non murió ninguno dellos. Et la pelea fué tan grande entre los cristianos et los moros, que hobo de llegar y el rey don Ferrando: et fueron los cristianos ese día muy bien andantes. Et desque el rey se fué para su tienda, mandolos prender diciendo que merescían muerte, pues que se aventuraran a facer tan grant locura, lo uno en meter la hueste en rebato sin mandado del rey, et lo al, en facer perder tan buenos tres caballeros. Et desque los grandes homnes de la hueste pidieron merced al rey por ellos, mandolos soltar.

Et desque el rey sopo que por la contienda que entrellos hobiera fueron a facer aquel fecho, mandó llamar cuantos buenos homnes eran con él, para judgar cual dellos lo ficiera mejor. Et desque fueron ayuntados, hobo entrellos grand contienda, ca los unos dicían que fisiera mayor esfuerzo el que primero los fuera ferir, et los otros que el segundo, e los otros que el tercero. Et cada uno desía tantas buenas razones que parescía que desía razón derecha: et en verdad tan bueno era el fecho en sí, que cualquier podría haber muchas buenas razones para lo alabar; pero, a la fin del pleito el acuerdo fué este: que, si los moros que vinían a ellos fueran tantos que se pudiesen vencer por esfuerzo o por bondad que en aquellos caballeros hobiese, que el primero que los fuese a ferir, era el mejor caballero, pues comenzaba cosa que se podía acabar; mas, pues los moros eran tantos que por ninguna guisa non los podrían vencer, que el que iba a ellos non lo facía por vencerlos, mas la vergüenza le facía que non fuyese; et pues non había de foir, la queja del corazón, porque non podía sofrir el miedo, le fizo que les fuese ferir. Et el segundo que les fué ferir et esperó más que el primero, tovieron por mejor, porque pudo sofrir más el miedo. Mas, don Lorenzo Suarez que sufrió todo el miedo et que esperó fasta que los moros le ferieron, aquel judgaron que fuera mejor caballero.

Et vos, señor conde Lucanor, pues veedes que estos son miedos et espantos, et es contienda que aunque la comencedes non la podedes acabar, cuanto más sufriéredes estos miedos et estos espantos tanto seredes más esforzado, et demás, faredes mejor seso; ca pues vos tenedes recabdo en lo vuestro et non vos pueden facer cosa arrebatadamente de que grand daño vos venga, conséjovos yo que non vos fuerce la queja del corazón. Et pues grand colpe non podedes recebir, esperat ante que vos fieran, et por aventura veredes, que estos miedos et espantos que vos ponen, que no son con verdat, sinón lo que estos vos dicen que lo facen porque cumple a ellos, ca non han bien sinón en el mal. Et bien cred, que estos tales tambien de vuestra parte como de la otra, que non querrían grand guerra nin grand paz, ca non son para se parar a la guerra, nin querrían paz complida; mas, lo que ellos querrían, sería un alborozo con que pudiesen ellos tomar et facer mal en la tierra et tener a vos et a la vuestra parte en premia para llevar de vos lo que habedes et non habedes, et non haber recelo que los castigáredes por cosa que fagan: et por ende, aunque alguna cosa fagan contra vos pues non vos pueden mucho empecer en sofrir que se mueva del otro la culpa, venirvos ha ende mucho bien: lo uno, que habredes a Dios por vos, que es una ayuda que cumple mucho para tales cosas; et lo al, que todas las gentes ternán que facedes derecho en lo que ficierdes. Et por aventura, que si non vos movierdes a facer lo que non debedes, non se movrá el otro contra vos, et habredes paz et faredes servicio a Dios, et pro de los buenos, et non faredes vuestro daño por facer placer a los que querrían guarescer faciendo mal et se sintirían poco del daño que vos viniese por esta razón.

E al conde plogo deste consejo que Patronio le daba, et fízolo así, et fallose ende bien.

Et porque don Johán tovo este ejiemplo, que era muy bueno, mandolo escribir en este libro et fizo estos viesos, que dicen así:

Por queja non vos agan ferir,