E a cabo de algunos días, unos homnes estaban riendo et trebejando et escribían todos los homnes que ellos conoscían, cada uno de cual manera era, et dicían: los ardidos son fulano et fulano, et los ricos fulano et fulano, et los cuerdos fulano et fulano, et así de todas las otras cosas buenas o contrarias.

Et cuando hobieron a escribir los homnes de mal recabdo escribieron y el rey. Et cuando el rey lo sopo, envió por ellos et aseguroles que les non faría ningún mal por ello, et díjoles que porquel escribieron por homne de mal recabdo. Et ellos dijiéronle: que por razón que diera tan grand haber a homne estraño et de quien non tenía ningun recabdo.

Et el rey les dijo que habían errado, et que si viniese aquel que había levado el haber que non fincaría él por homne de mal recabdo. Et ellos le dijieron que ellos non perdían nada de su cuenta, ca si el otro viniese, que sacarían al rey del escripto et que pornían a él.

Et vos, señor conde Lucanor, si queredes que non vos tengan por homne de mal recabdo, non aventuredes por cosa que non sea cierta, tanto de lo vuestro que vos arrepintades, si lo perdierdes por fiuza de haber grand pro seyendo en dubda.

E al conde plogo deste consejo, et fízolo así et fallose dello bien.

Et veyendo don Johán que este ejiemplo era bueno, fízolo escribir en este libro, et fizo estos viesos, que dicen así:

Non aventures mucho la tu riqueza,

Por consejo del que ha grand pobreza[26].

[26] Era antes en los críticos idea corriente que en este ejemplo había querido D. Juan Manuel satirizar las aficiones de alquimista de su tío el Rey Sabio; negada con buenas razones la atribución a Alfonso X del Libro del Tesoro, caen los más firmes asideros de esta suposición.

EJEMPLO XXI