Et por el lugar do estaba el tronco del arbol salió la Verdat que estaba escondida, et cuando fué sobre la tierra, falló que la Mentira et todos los que a ella se allegaron eran muy mal andantes et se fallaron muy mal de cuanto aprendieron et usaron del arte que aprendieron de la Mentira.

Et vos, señor conde Lucanor, parat mientes que la mentira ha muy grandes ramos, et las sus flores que son los sus dichos et los sus pensamientos et los sus falagos son muy placenteros, et páganse mucho dellos las gentes, pero todo es sombra et nunca llega a buen fructo. E por ende si aquellos vuestros contrarios usan de las sabidurías et de los engaños de la mentira, guardatvos dellos cuanto pudierdes et non querades seer su compaño en aquella arte nin hayades envidia de la su buena andanza que han por usar del arte de la mentira, ca cierto seed que poco les durará, et non pueden haber buena fin, et cuando cuidaren seer más bien andantes estonce les fallecerá así como fallesció el arbol de la Mentira a los que cuydaban estar muy bien andantes a su sombra; mas, aunque la verdat sea menospreciada abrazatvos bien con ella et preciadla mucho, ca cierto seed que por ella seredes bien andante et habredes buen acabamiento et ganaredes la gracia de Dios porque vos dé en este mundo bien et mucha honra paral cuerpo et salvamiento paral alma en el otro.

E al conde plogo mucho deste consejo que Patronio le dió et fízolo así et fallose ende bien.

Et entendiendo don Johan que este ejiemplo era muy bueno fízolo escribir en este libro et fizo estos viesos que dicen así:

Seguid verdat por la mentira foir,

ca su mal cresce quien usa de mentir.

EJEMPLO XXVII

De lo que contesció a un Emperador et a don Alvarhañez Minaya con sus mujeres.

Fablaba el conde Lucanor con Patronio, su consejero, un día et díjole así:

—Patronio, dos hermanos que yo he son casados entramos et viven cada uno dellos muy desvariadamente el uno del otro, ca el uno ama tanto aquella dueña con qui es casado, que avés podemos guisar con él que se parta un día del lugar onde ella es, et non faz cosa del mundo sinón lo que ella quiere et si ante non gelo pregunta. Et el otro, en ninguna guisa non podemos con él que un día la quiera veer de los ojos, nin entrar en casa do ella sea. Et porque yo he grand pesar desto, ruégovos que me digades alguna manera por que podamos y poner consejo.