—Señor conde Lucanor—dijo Patronio—segund esto que vos decides, entramos vuestros hermanos andan muy errados en sus faciendas; ca el uno, nin el otro non debían mostrar tan grand amor nin tan grand desamor como muestran a aquellas dueñas con qui ellos son casados; mas, comoquier que ellos yerran, por aventura es por las maneras que han aquellas sus mujeres: et por ende querría que sopiésedes lo que contesció al Emperador Fradrique et a don Alvarfañez Minaya con sus mujeres.
E el conde le preguntó como fuera aquello.
—Señor conde Lucanor—dijo Patronio—, porque estos ejiemplos son dos et non vos los podría entramos decir en uno, contarvoshe primero lo que contesció al Emperador Fradrique, et después contarvoshe lo que contesció a don Alvarhanez.
—Señor conde, el Emperador Fradrique, casó con una doncella de muy alta sangre segund le pertenescía; mas de tanto, non le acaesció bien, que non sopo ante que casase con aquella las maneras que había.
Et después que fueron casados, comoquier que ella era muy buena dueña et muy guardada en el su cuerpo, comenzó a seer la más brava, et la más fuerte, et la más revesada cosa del mundo; así que, si el Emperador quería comer, ella dicía que quería ayunar, et si el Emperador quería dormir, queriese ella levantar, et si el Emperador querie bien a alguno, luego ella lo desamaba. ¿Que vos diré más? Todas las cosas del mundo en que el Emperador tomaba placer, en todas daba ella a entender que tomaba pesar, et de todo lo que el Emperador facía, de todo facía ella el contrario siempre.
Et desque el Emperador sufrió esto un tiempo, et vió que por ninguna guisa non la podía sacar desta entención por cosa que él nin otros le dijiesen, nin por ruegos, nin por amenazas, nin por buen talante, nin por malo quel mostrase, et vió que el pesar et la vida enojosa que había de sofrir quel era tan grand daño para la su facienda et para las sus gentes que non podía y poner consejo; et de que esto vió, fuese paral Papa et contol la su facienda, también de la vida que pasaba, como del grand daño que vinía a él et a toda la tierra por las maneras que había la Emperadriz; et quisiera muy de grado, si podría seer, que los partiese el Papa. Mas, vió que segund la ley de los cristianos non se podían partir, et otrosí que en ninguna manera non podían vevir en uno por las malas maneras que la Emperadriz había, et sabía el Papa que esto era así.
Et desque otro cobro no podieron fallar, dijo el Papa al Emperador: que este fecho, que lo acomendaba él al entendimiento et a la sotileza del Emperador, ca él non podía dar penitencia ante que el pecado fuese fecho.
Et el Emperador partiose del Papa et fuese para su casa, et trabajó por cuantas maneras pudo, por falagos, et por amenazas, et por consejos, et por desengaños, et por cuantas maneras él et todos los que con él vivian pudieron asmar para la sacar de aquella mala entención, mas todo esto non tovo y pro, que cuanto más le dicían que se partiese de aquella manera, tanto más facía ella cada día todo lo revesado.
Et de que el Emperador vió que por ninguna guisa esto non se podía enderezar, dijol un día: que él quería ir a la caza de los ciervos et que llevaría una partida de aquella hierba que ponen en las saetas con que matan los ciervos, et que dejaria lo al para otra vegada, cuando quisiese ir a caza, et que se guardase que por cosa del mundo non pusiere de aquella hierba en sarna, nin en postiella, nin en lugar donde saliese sangre; ca aquella hierba era tan fuerte que non había en el mundo cosa viva que non matase. Et tomó de otro ungüento muy bueno et muy aprovechoso para cualquier llaga et el Emperador untose con él antella en algunos lugares que non estaban sanos. Et ella et cuantos y estaban vieron que guarescia luego con ello. Et díjole que, si le fuese mester, que de aquel pusiese en cualquier llaga que hobiese. Et esto le dijo ante pieza de homes et de mujeres. Et de que esto hobo dicho, tomó aquella hierba que había menester para matar los ciervos et fuese a su caza así como había dicho.
Et luego que el Emperador fué ido, comenzó ella a ensañarse et a embravecer et comenzó a decir: