—Señor, a mí non me empece que me tengades por fijo de aquel padre que yo digo, nin de otro, et por ende dígovos: que yo so ciego, o vos desnudo ides.
E el Rey le comenzó a maltraer diciendo que, porque non era fijo de aquel padre que él cuidaba, que por eso non veía los sus paños.
E desque el negro esto dijo, otro que lo oyó, dijo eso mismo, et así lo fueron diciendo fasta que el Rey et todos los otros perdieron el recelo de conoscer la verdat et entendieron el engaño que los burladores habían fecho. E cuando los fueron buscar non los fallaron, ca se fueran con lo que habían llevado del Rey por el engaño que habedes oido.
Et vos señor conde Lucanor, pues aquel homne vos dice que non sepa ninguno de los en que vos fiades nada de lo que él vos dice, cierto seed, que vos cuida engañar, ca bien debedes entender que non ha él razón de querer más vuestra pro, que non ha con vusco tanto debdo como todos los que con vusco viven que han muchos debdos et bien fechos de vos porque deben querer vuestra pro et vuestro servicio.
E el conde tovo este por buen consejo et fízolo así et fallose ende bien.
Et veyendo don Johan, que este era buen ejiemplo, fízolo escribir en este libro et fizo estos viesos que dicen así:
Quien te conseja encobrir de tus amigos,
Sabe, que más te quiere engañar que dos figos[36].
[36] Cervantes, en El retablo de las maravillas, recordó este ejemplo de Patronio, según indica Menéndez y Pelayo. Es asunto además de un cuento de Andersen. El tema no es oriental.