—A la fe, don fulano, tarde vos acordastes, ca ya non vos valdría nada si matásedes cient caballos, que ante lo hobiérades a comenzar, ca ya bien nos conoscemos.
Et vos señor conde, si aquel vuestro criado quiere casar con tal mujer, si fuere él tal como aquel mancebo consejalde que case seguramente, ca él sabrá como ha de pasar en su casa, mas si non fuere tal que entienda lo que debe facer et lo quel cumple dejadle que pase por su ventura. Et aun consejo a vos, que con todos los homnes que hobierdes a facer, que siempre les dedes a entender en cual manera han de pasar con vusco.
E el conde tovo este por buen consejo, et fízolo así et fallose dello bien.
Et porque don Johan lo tovo por buen enjiemplo, fízolo escribir en este libro, et fizo estos viesos que dicen así:
Si al comienzo non muestras qui eres,
Nunca podrás despues cuando quisieres[39].
[39] El mismo asunto, dramatizado por Shakespeare en su deliciosa comedia Taming of the Shrew, varias veces traducida al castellano, y recientemente, con gran fortuna, por D. Gregorio Martínez Sierra, con el título Domando la tarasca. Titúlase otra versión castellana menos fiel y de menor valor literario, La fierecilla domada.
También en la literatura francesa arraigó el asunto. Puibusque cita una comedia titulada La jeune femme colère.
EJEMPLO XXXVI
De lo que contesció a un mercadero cuando falló su mujer et su fijo durmiendo en uno.