E después mandol quel diese de comer: et ella fízolo.

Et cada quel dicía alguna cosa, tan bravamente gelo dicía et con tal son, que ella cuidaba que la cabeza era ida del polvo.

E así pasó el fecho entrellos aquella noche, que nunca ella fabló, mas facía lo quel mandaba. E acostáronse a dormir, e desque hobieron dormido una pieza dijol él:

—Con esta saña que hobe esta noche non pude bien dormir. Catad que non me despierte cras ninguno e tenedme bien adobado de comer.

E cuando fué gran mañana los padres et las madres et los parientes llegaron a la puerta, et porque non fablaba ninguno, cuidaron que el novio estaba muerto o ferido. Et desque vieron por entre las puertas a la novia et non al novio cuidáronlo más.

E cuando ella los vió a la puerta llegó muy paso et con grand miedo et comenzoles a decir:

—Locos traidores ¿qué facedes? ¿cómo osades llegar a la puerta nin fablar? ¡callad! sinón todos, tambien vos como yo, todos somos muertos.

E cuando todo esto oyeron, fueron mucho maravillados et desque sopieron como pasaron en uno, presciaron mucho el mancebo porque así sopiera facer lo quel cumplia et castigar tan bien su casa.

Et daquel día adelante, fué aquella su mujer muy bien mandada et hobieron muy buena vida.

Et dende a pocos dias su suegro quiso facer asi como ficiera su yerno, et por aquella manera mató un gallo: et díjole su mujer: