Las presentes composiciones, al menos, podrán servir para conocer las especialidades de la Poética filipina, en general ó de la ilocana en particular, y casi estoy seguro de que también para el objeto que se propone.
Para llenar su segundo objeto de conocer la historia de la instrucción de la mujer, escribiré diferentes capítulos sobre la mujer filipina en los primitivos tiempos; su instrucción por los españoles; y sobre la filipina y la literatura; pero antes de esto, convendrá presentar un esbozo moral y físico de ella, como voy á hacerlo enseguida.
Y por último, daré las poesías de D.a Leona Florentino con su traducción y comentarios, divididas en dos partes: Felicitaciones, y Poesías eróticas, y para que se puedan apreciar bien, dedicaré antes algunos párrafos á la Poética filipina.
Perdóneme Vd., muy ilustrada señora, si por mi natural amor á mi madre (q. e. p. d.), he dado á sus poesías la importancia que acaso realmente no tengan.
Reciba mi entusiasta aplauso á su excelente idea y permítame besar respetuosamente sus piés.
A mi madre
¡Santa mujer! ¡dichosas madre que con inefable amor me estás mirando desde el cielo! dime:
—¿Quién si no tú, me habrá amado más en el mundo?
Me diste á luz al borde del sepulcro. A poco ibas á morir por mí; pero Dios permitió aún que yo creciese con tus caricias y disfrutase de tu amor infinito.
Más … ¡pobre madre y pobre hijo! Cuando moriste, no tuve siquiera el consuelo de recoger tu último suspiro, en el cual iba envuelto mi nombre que invocabas en vano. Yo estaba ausente, precisamente cuando ya jóven, podría y debiera hacer algo por devolverte tantos favores que me habías dispensado.