Íntegra, pues, quedó mi grande deuda contigo y ya ni puedo ni pudiera habértela pagado toda.
Coleccionando y publicando tus poesías, ¿te habré tributado homenaje de gratitud?
Eso no basta; tal vez no te agrade, porque en vida no querías publicar tus escritos.
Sin embargo, madre mía, ya que fuiste siempre muy buena y condescendiente conmigo, perdona y déjame una vez más satisfacer este capricho de tu hijo.
I
LA MUJER FILIPINA
Las facultades intelectuales del hombre moreno de Filipinas y las de los europeos son enteramente idénticas, faltando solamente en el primero instrucción, y para adquirirla, le desfavorece el clima intertropical que por su alta temperatura enerva las fuerzas y frustra los buenos deseos de estudiar.
Pues bien, es opinión general que la mujer es superior al varon de Filipinas, moralmente hablando. Es más inteligente. Por eso siempre se vé el marido dominado por ella. Para ésta, aquel es casi como una máquina; le dirige á su gusto, y le impone sus caprichos, su amor propio. Así, en las disensiones muy reñidas, graves ó de pura etiqueta, siempre se supone que son obra de las mujeres, y efectivamente una vez ganada la voluntad de éstas, la calma suele venir como por ensalmo.
Hay hombres curanderos que conocen maravillosas virtudes secretas de plantas medicinales; pero son muy charlatanes, y las curas que hacen las atribuyen á influencias supersticiosas. Ahora, colocadles al lado ó delante de las curanderas, y su parlería cesa inmediatamente dominada por la verbosidad sorprendente de éstas.