Sin embargo, las filipinas no abusan de esta gran influencia que ejercen sobre sus maridos; ellas son todo amor y por lo regular trabajan más que el varón para ganar el sustento de la familia, y en Manila y otras provincias centrales, suele verse que la mujer es la que sale afanosa por la morisqueta ó pan diario, y queda en casa el marido desempeñando las tareas domésticas, propias de la mujer.

Sale de casa, sí; pero con objeto de ganar dinero honradamente. Es pudorosa ella. El conocido autor antiguo Fr. Gaspar de S. Agustín escribe en su citada Carta: «muy honesta, muy honrada y mucho más si es casada.» Y aún lo es la negrita, raza selvática que se supone autóctona, como lo atestiguan el Excmo. Sr. D. Sinibaldo de Más[2] y Mozo[3]: El primero añade: «La desenvoltura é impudencia no la he visto ni aún entre rameras. En Manila ninguna mujer hace la menor indicación ni menos llama á un hombre por las calles, ó desde las ventanas, como, sucede en Europa, sin que sea este recato temor de la policía … Por el modo, circunspecto y aún humilde que los jóvenes solteros se acercan á sus queridas, se ve que estas señoritas tienen á sus amantes á raya y se hacen de ellos tratar con el mayor respeto.»

Y es de advertir que el Sr. de Más que esto escribe, es el autor que ha dicho las más abominables calumnias contra los pobres filipinos.

La filipina es indisputablemente cosa singular: Ella se adelantó en introducir una reforma buena, que según mis noticias ni aún en Europa se practica hoy día. Me refiero á que son mujeres las que están al frente de los bazares y tiendas en Filipinas. En Europa y América se busca con tanto afán nuevas tareas, no muy pesadas, para las mujeres. ¿Y por qué no se acuerdan los tenderos de ceder su puesto á las mujeres, yendo ellos en busca de trabajos más dignos de los brazos de que Naturaleza les dotó?

En cuanto á negocios, tienen ellas muy especiales aptitudes. Conozco á muchos filipinos cuyo talento é ilustración son bien conocidos, y sin embargo, sus esposas son las que se encargan ó dirigen los negocios, porque son felices en sus cálculos, mientras aquellos con sus teorías sufren á cada paso lamentables fracasos.

La filipina cose, cuece, dobla cigarros, teje, borda, descascarilla arroz, (operación corporal muy pesada, impropia de su sexo), pesca ó recoge mariscos, es maestra muy buena de instrucción primaria, toca el piano, arpa, violin, guitarra, canta, representa en teatros, enseña á bailar, vende y revende, etc. Y todas sus obras, como por ejemplo, sus bordados, sus tejidos y cosidos son muy excelentes y en la Exposición Filipina celebrada en Madrid en 1887, fueron premiadas muchas de ellas, algunas con medallas de oro.

La filipina es simpática, muy devota, buena madre, buena hija y excelente esposa.

En cuanto á sus caracteres físicos es de color moreno por lo regular, y hay algunas de hermosura especial, que no se comprende con explicaciones, sino viéndola.

II