¡Leon ilustre! ¿por qué, siendo tú mísero preso, pobre y escaso de bienes temporales, todo el mundo se inclina hoy ante ti?
Causa gozo, alegría y admiración el contemplar ese inmenso gentío que acude á saludarte, destacándose entre tantos cristianos, representantes de poderosos Reyes y de príncipes herejes.
¡Oh! hasta tus enemigos, cuyo odio y envidia no se pueden expresar, abren hoy las puertas de Roma, en donde te tienen encerrado, y no pueden ménos de exclamar: ¡venid á saludar á ese Rey de misterioso poder!
Cristo prometió que el furor del Infierno no te derrotaría; y esta palabra divina basta para sostenerte victorioso en medio de los continuados y rabiosos ataques de tus enemigos.
Ni Jerjes, ni Alejandro Magno, ni Napoleon te igualan, gran Leon; careces de formidables ejércitos; pero Dios es quien te conduce á la victoria.
Reinar en todo el mundo, anhelaron ellos, y no lo pudieron conseguir á despecho de sus numerosas y arrojadas huestes; más el cielo te lo ha concedido por tu virtud, sabiduría y modestia.
Reinas, sí, en todos los corazones, desde Irlanda hasta Ponapé (Carolinas), y desde esta isla que recuerda tu rectitud y habilidad diplomática, hasta Scoresby.
Por eso, Padre Nuestro, no te aflijas por haberte arrebatado tus dominios y demás bienes temporales. Si necesitas terreno, tan inmenso como el cielo, donde reinar …, ¡amontona nuestros corazones en la inmensidad de los océanos!
[1] Por creer pertinentes al Folk-Lore ilocano, reproducimos los presentes artículos, escritos expresamente para el objeto que reza la dedicatoria. [↑]