A los folk-loristas españoles de la Península, que me han dispensado toda clase de atenciones, tengo, el singular placer de dedicar esta modesta colección.
INTRODUCCIÓN
A la escasez de conocimientos con que constaban los antíguos, la suplía su atrevimiento, el cual estaba en proporción con su grande ignorancia. Así es que si los antiguos no dejaron de dar soluciones á ningún problema científico, esas pretendidas soluciones, por lo peregrinas, suelen arrancarnos grandes carcajadas. ¡Si supiéseis de quién creían qué hemos descendido los indígenas de Filipinas!….
Pero á medida que las ciencias progresaban y se descubría que los errores obedecían á hipótesis y á datos no bien comprobados, se procuró buscar éstos, examinándolos con mayor escrúpulo, y al fin, en la Antropología, la Prehistoria y en todas las demás ciencias relativas al hombre primitivo, húbose de reconocer gran escaséz de materiales que al contrario, debieran abundar, para poder sostenerse seriamente alguna teoría científica.
Cuando esto se notó, hace poco,[1] muchos sábios antropólogos y etnógrafos dejaron de fantasear sobre bases no bien averiguadas, lo que es impropio por cierto de autores concienzudos, y una vez emitida en Inglaterra la idea de crear una escuela que recogiese para estudios futuros materiales no solo en los países selváticos, sino también en la clase popular de Europa, enseguida se propagó con tanta aceptación, como grande era el vacío que venía á llenar.
Esta escuela es la folk-lórica, de la palabra sajona FOLK-LORE, que significa literalmente saber popular. Su objeto, en un principio, se reduciría á recoger esas leyendas, tradiciones, consejas y supersticiones que conserva el pueblo, para de su estudio y comparación con las de otros paises, deducir teorías relativas al hombre prehistórico.