Y en Bantay las mujeres estuvieron en la iglesia rezando delante del altar de Nuestra Señora de la Caridad, que estaba cerrado, porque decían que la Virgen no estaba, puesto que salió al encuentro de los enemigos.
Cuéntase, en efecto, que los enemigos al llegar á la orilla del rio de Bantaoay, que pasa al Sur del pueblo de San Ildefonso, encontraron á una mujer con un cántaro, ofreciéndoles agua potable.
Los enemigos se negaron á tomar agua y comenzaron á atravesar el rio, el cual hirvió y les tragó, porque la mujer referida, que suponen ser la Virgen de la Caridad, echó el agua de su cántaro.
Los ilocanos del Sur, que estaban viendo á sus enemigos ahogarse, se lanzaron sobre ellos con tanta bravura, que en un momento lograron matar á sus enemigos y colgar de un árbol la cabeza de un tal Garrido, general y él alma del peloton de Ambaristo.
Desde entonces los alrededores de Bantaoay pasan por sitios malditos para los ilocanos.
3.a
¿TRADICIÓN MADRILEÑA Ó ILOCANA?
Esta pregunta me dirigí, cuando con gran extrañeza mía encontré una tradición titulada La calle de la cabeza en el Folk-Lore de Madrid, escrita por D. Eugenio de Olavarria y Huarte, como el muy ilustrado autor del trabajo literario titulado «El médico de su honra, ó ¿Tradición filipina ó drama de Calderon?» se preguntara cuando observó que un drama escrito en España desenvolvía un asunto muy parecido á la desgracia de D. Alonso Fajardo, que tuvo lugar en Manila durante su gobierno.
La tradición escrita por Olavarria semeja mucho á una conseja ilocana.
Cuéntase se que un asesino había logrado en un principio ocultar su crimen, sepultando clandestinamente el cadáver de su víctima. Habían trascurrido muchos años sin que el homicidio ni su autor se descubriesen, cuando un desconocido que pasaba frente al tribunal ó casa-gobierno de Bantay, pueblo muy cercano á Vigan, llamó la atención de los agentes de policía, puesto que el incógnito llevaba en sus manos nada menos que una cabeza humana recien-cortada, al parecer de su tronco.