AMBARISTO

Fielmente voy á reproducir lo que dice el pueblo ilocano acerca del famoso Ambaristo, sin ocuparme de concordarlo con lo que consta en las crónicas filipinas.

A principios del siglo, los naturales de Sarrat, Ilocos Norte, capitaneados por un tal Ambaristo, después de cometer horribles sacrilegios en la iglesia y convento de su pueblo, se dirigieron á Laoag, donde asesinaron á los pocos españoles que allí había, y á todos los naturales que se opusieren á seguirles en sus fechorías.

Recorridos todos los pueblos de Ilocos Norte, donde reclutaron prosélitos, lograron reunir un respetable peloton.

Continuaron su victoriosa correría hácia la vecina provincia de Ilocos Sur.

Sabido esto por el alcalde, llamó á junta general á todos los Gobernadorcillos de la provincia, encargándoles se preparasen á la lucha. Todos los pueblos respondieron al patriótico llamamiento, enviando su contingente de hombres armados.

Frente al camino real de Bantay, pueblo de Ilocos Sur, de donde venían los revoltosos del Norte, se colocaron algunos cañones; siendo uno de los artilleros el viejo mendigo, que me contó todo ésto.

Un peloton de ilocanos del Sur salió al encuentro de los insurrectos del Norte.

Ínterin, los que se quedaron en Vigan se preparaban á rechazar el saqueo en caso de que sus paladines perecieran en la lucha. Todas las mujeres ricas se refugiaron á la única casa particular de piedra, que es la que hoy se conoce con el nombre de Casa de Doña Clemencia. Las mujeres iban vestidas de sus mejores ropas con todas las alhajas de valor. Aquella casa estaba fortificada de una manera especial: en las ventanas, puertas y escaleras había fogones con tamaños sartenes llenos de manteca, aceite y agua en ebullición, para bañar á los asaltadores.

Esto fué en Vigan.