Empezó propalando la noticia de que recibía la inspiración divina y aseguraba ser adivino, lo cual procuró probar con engaños.

Escondía de antemano una naranja en algún rincon y después llamaba á los monteses y en su presencia tiraba otra parecida. En seguida rezaba ó fingía pedir inspiración, y luego designaba el lugar donde había parado la naranja perdida entre aquellos barrancos.

Colocaba unas botellas negras llenas de agua, boca abajo, en terreno arcilloso, sirviendo por único tapon el suelo compacto, y delante de éstas, también boca abajo, otras vacías: después, pasando plaza de un nuevo Moisés, demostraba á los monteses que todas aquellas botellas estaban vacías, derribando las que lo eran, y diciendo que iba á llenar de agua las restantes. No podemos describir aquí la admiración del ignorante público, al ver que las botellas estaban en efecto llenas de agua.

Con estos y otros engaños logró hacerse creer enviado de Dios, llamándose Bohaue, que significa tromba marina.

Todos los sábados reunía á sus sectarios en una cueva, que estaba cerca de su casa, y en ella rezaban varios Padre-nuestros y Ave-Marías, en dialecto bisaya, delante de una tosca imágen de madera, que decía ser de Dios.

Llevábanle los fanáticos abacá, tabaco, huevos, cera, pollos y otros regalos, hasta que fué perseguido y muerto por la Guardia civil, en 22 de Agosto de 1888.

Con análogos medios y con el mismo fin de explotar en provecho suyo la credulidad de los campesinos, un tal Gavino Cortés logró hacerse adorar por muchos campesinos de la Pampanga y Bulacan como «Santo Rey» de la primera provincia, en febrero del año 1887.

Aseguraba el famoso Hari sa Pampanga haber sido favorecido con una bola omnipotente por un anciano fabuloso, que se le apareció en una montaña. Y con esta bola hacía aparecer dinero, comidas, jóvenes que le sirvieran, y en fin cuanto él quisiese; sus apóstoles, que compartían con él el lucro de la nueva secta, propalaban las mayores patrañas, diciendo que el Rey ó Diós Gavino convertía palitos de fósforo en soldados, que viéndosele con anteojos, aparecía como emperador unas veces y otras con cuernos y rabo; que hacía encender las arañas por sí solas, y en una palabra, milagros más sorprendentes aún que los del Apóstol de Valencia.

Y ya aprehendido y deportado á Mindanao, sus secuaces propalaron la noticia de que el vapor en que iba no pudo andar, desapareciendo allí el Rey Gavino.

Los sectarios de éste, hombres y mujeres, se reunían cada noche en una casa de alguno de ellos, para rezar oraciones cristianas, y el dueño de la casa les agasajaba con comida y vinos. Y después dormían en una misma pieza sin separación de sexos.