En el monte de piedra, Bangbang, que hay en la bocana del Abra, hay una huella muy grande al parecer de hombre, y otra, según dicen, en la cumbre del Bul-lagao, Ilocos, ó en Cagayan, que se atribuyen á Angng̃aló.[23] Lo cual nos recuerda la tradicional y fabulosa Bota del Mandarín, que hay cerca de Fochow, más arriba de los puertos de Mingan. Angng̃aló dejó estas huellas al subir al cielo.
En Abra hay un gran subterráneo que dicen ser de Aran, y cuyo agujero llega á Cagayan, según la conseja, cual un tonel.
Angng̃aló fué el Criador; según la tradición ilocana, pero de órden de un Dios cuyo nombre se ignora, y no hay noticia de que fuera objeto del culto de los ilocanos, lo cual es incomprensible, puesto que según todas las demás religiones de que tengo conocimiento, todo Criador del Universo es Dios, y es acorde la creencia de que sólo la omnipotencia de un Dios es capaz de obrar tantas maravillas como las que encierra la creación.
¿O es que la actual conseja ilocana es aborto de un contubernio de ideas religiosas, de las puramente ilocanas y de las extrañas, quizás las chinas, introducidas después de la conquista?
Angng̃aló, por ser gigante (los mandayas de Mindanao hablan también de un gigante llamado Tagamaling) se asemeja al Atlas ú Océano filipino de los PP. Buzeta y Bravo.
Como en la conseja ilocana citada, no se menciona la filiación de Aran y Angng̃aló, éstos pudieron haber sido los mismos hombres, que salieran de dos cañutos expresados por el P. Colin.[24] Y por último, hemos visto que las consejas relativas á las huellas de Angng̃aló son semejantes á las chinas.
He aquí lo que sobre ésto me escribe el sábio Blumentritt:
«Mi muy querido amigo: acabo de recibir su muy, muy interesante artículo sobre la cosmogonía ilocana[25]. No solo las Visayas sino tambien otros pueblos de la raza malaya, dicen que los primeros hombres salieron de un trozo de caña ó bambú. Así los indígenas de las Islas de Mentawei (O. de Sumatra), los naturales de la parte SE. de Borneo (Pasir), los de Holontalo y los alfuros de la Minahassa (Célebes septentrional), los indígenas de la isla Kabroeang ó Abotean (grupo Talaur entre Célebes y Filipinas), cuentan que el primer hombre fué Hoera Boelauro (Hura Bulao). Este cortó en el monte un bejuco ó rotang, y en este bejuco halló á un hombre y una muger, de quienes proceden dichos insulares. Según la conseja, los reyes de los alfuros de la isla de Ceram traen su orígen de árboles «Waringi» (especie de balete) y otros de un cocotero. Algunas tribus de los indígenas de Amboyna ó Ambueno descienden de trozos de bambú, otras de caimanes ó anguilas. Hay tribus de alfuros de Ceram que cuentan los primeros hombres deben su existencia á la cópula del cielo y de la tierra, y los temblores son las tentativas de la tierra para restablecer dicho statu quo anterior. La misma leyenda (muchas veces solo en rudimentos) se encuentra en otros paises malayos. Los javaneses piden ó pidieron al Bopo-Koso (Padre Cielo) y á la Ibu Pratiswi (madre tierra).
«Huellas de dioses, demonios y gigantes, como las de Angng̃aló, se encuentran en todo el mundo y buscamos los etnólogos las leyendas que se refieren á ellas, así es que mucho agradecemos á usted su artículo, que traduciré al aleman y so publicará en una Revista científica de Austria ó de Alemania, probablemente el mes de Junio próximo. En las cercanías de Leitmeritz hay también en una piedra huellas (pero de manos) del diablo, llamadas Teufelspratze (Teufel = diablo, y Pratze = mano grande de un gigante ó pata de león ó tigre).