XV.

CONSEJAS METEOROLÓGICAS

Según mis paisanos, el rayo ó el trueno (casi son una misma cosa para ellos) es un cerdo que sale de la tierra en tiempo de tormentas. Una persona respetable y fidedigna (no digo ilustrada), me aseguró bajo palabra de honor que en una tormenta vió salir cerca del tronco de cierto árbol un cerdo blanco, que convirtiéndose en fuego ¡horror! tronó y desapareció.

En Ilocos Norte se dice que el rayo al principio es cerdo ó gallo blanco, y asegura un tao haber visto con sus propios ojos (?) un gallo blanco antes de haber descargado una chispa eléctrica sobre el tribunal del pueblo de Sarrat; el cual gallo, corriendo velozmente se convirtió en rayo, que luego redujo á cenizas el referido tribunal.

Y ¿cómo se esplica esto? ¿Una descarga eléctrica habrá quizás abrasado, reducido á cenizas y hecho desaparecer de un modo horroroso el gallo? Muchos meteorólogos aseveran que el rayo puede reducir á pavesas á su víctima; pero los ilocanos cuentan que el rayo absorve solo los sesos de sus víctimas animales, fundándose ellos en que los muertos por una descarga eléctrica no presentan otra lesión que algunos agujeros en la cabeza, y no tienen sesos.

Los ilocanos temen más al trueno que al rayo, y narran que es peligroso comer al tiempo de estallar una tormenta, porque puede que el trueno hambriento venga á arrebatarles la comida. Asimismo es peligroso para ellos montar en cualquier animal cornígero; usar alhajas de valor como oro, plata y brillantes (por esta creencia se suele encontrar en los campos muchas veces alhajas de valor, que sus dueños arrojan mientras dura la tormenta), estar debajo de los árboles y tener en la mano espejos, vidrios, cristales y metales relucientes.

Según los ilocanos, el rayo respeta el agua y teme las hojas de la caña de azúcar, y así, un hombre que esté debajo del agua ó metido en la espesura de un caña-dulzal, queda libre del rayo. Y dicen que las hojas de la caña de azúcar hieren al rayo.

Los de Ilocos Norte suelen vendar su cabeza, cuando descarga una tormenta, con palmas de coco, benditas el Domingo de Ramos, para evitar el peligro.

Es creencia entre los ilocanos que el fuego producido por el rayo y por la centella, no se puede apagar con agua, sino con vinagre. Por esto, cuando se quemó la Casa-Gobierno de Abra, todas las casas de Bangued sufrieron carencia absoluta de vinagre.

Digamos entre paréntesis que los ilocanos extraen el vinagre de la caña-dulce á diferencia de los peninsulares, que lo sacan de las uvas. El vinagre ilocano es de la clase superior que se conoce en Filipinas, y es mas fuerte que el que viene de Europa y América.