Con este lema, no ha tenido necesidad de hacer alardes ni ruidosas propagandas, bastando para atraer la adhesión y simpatía al periódico, sus artículos llenos de prudencia, al par que de energía y decisión para abogar por los intereses de Filipinas.

Debo á este propósito de La España Oriental la razonada defensa que hizo de mí, cuando fuí objeto de injustificados ataques, por sostener lealmente aspiraciones del país. Y aprovecho ésta ocasión, que encuentro muy oportuna, para rendir tributo eterno de gratitud á mis buenos paisanos, por la espontánea demostración de afecto que hicieron hácia mi humilde persona, suscribiéndose en masa al periódico que me había defendido.

Y por esta cariñosa defensa que no olvidaré nunca y por el estímulo y la acogida que me ha prestado en la publicación de este Folk-Lore Filipino, reciba el Sr. Atayde, Director-propietario de La España Oriental, con el artículo que á continuación le dedico, el homenage del más profundo agradecimiento.

Isabelo de los Reyes.

I

Isio (Dionisio) había estudiado en un colegio de Manila; pero no pudo concluir su carrera, porque murió su padre y hubo de regresar á su pueblo natal (Unión,) por no poder sostenerse en esta capital.

No tardó en seguir á la tumba su madre, y viéndose ya el jóven Isio huérfano y sólo en medio del mundo, hizo esfuerzos para reconstruir los pocos restos de la fortuna de sus padres, que se desvaneció, ora por su prodigalidad, ora por el cargo de gobernadorcillo que su padre había desempeñado.

La horfandad de Isio fué una continua série de crueles tormentos: figuraos que se había criado entre relativa comodidad, para más tarde venir á la pobreza, sufriendo privaciones á que no estaba acostumbrado.

Sin embargo, con resignación apuró hasta las heces la copa de amargura con que su hado implacable le brindara. Y habiendo empezado por dedicarse en pequeña escala al negocio del añil y arroz, al principio con peculio propio y más tarde en sociedad con otros, no tardó en convencerse de que el trabajo y la buena fé continuados suelen hacer milagros. Y en efecto, al cabo de diez años tuvo la dicha de ver recuperada casi toda la fortuna que había perdido su padre.