Pero un día, cuando más ocupado estaba en las tareas del campo, recibe una comunicación del gobernadorcillo en que se le notificaba su nombramiento de cabeza de barangay, y él, en vez de deshacerse en insultos y perseguir con un palo al alguacil que llevaba el pliego, cual lo hacen muchos, como si el pobre tuviese la menor culpa de ello, le dijo:
—Bueno, déjame el expediente, que ya iré á ver al señor Gobernadorcillo.
Y en efecto, fué para decirle:
—Señor, no tengo inconveniente en servir al Estado, porque reconozco en él perfectísimo derecho para exigir á todos y á cada uno de los ciudadanos algún servicio, faltando el cual, ni hay Estado, ni sociedad para la que fuimos criados, como demuestran nuestra natural debilidad y la imprescindible necesidad que sentimos del apoyo ajeno. En una palabra, acepto gustoso la cabecería, y hasta con agradecimiento por haberse dignado Vdes. inscribirme en la lista de los principales (especie de nobleza), y soy de los que pagan las contribuciones é impuestos, sin hacer muecas; pero para tranquilidad de mi conciencia y satisfacción de mi honradez, exijo como condición que se me rindan claritas las cuentas; quiero decir, que V. me convenza de que las que figuran en el padrón ó lista de tributantes que me ha de entregar, verdaderamente existen ó hay posibilidad de cobrarles aquí, porque ni yo consiento que mi fortuna, adquirida á fuerza de grandes trabajos, se pierda por abonar lo que deben los ausentes, ni puedo ir á buscarlos en otras provincias, ni …
—Hombre, hombre,—le interrumpió el pedáneo.— ¿Está V. en su juicio? Quieras que no, forzosamente ha de aceptar el cargo, y ahora mismo acabo de mandar pregonar en bandillos que sus bienes no se pueden enagenar, pues ya están hipotecados para responder á la Hacienda Pública de las obligaciones de su cabecería.
—Pero, señor gobernadorcillo, ¿quién los ha hipotecado? ¡Es posible que haya otro más que yo, con derecho á gravar mis bienes!
—Claro, hombre: varios principales y yo informamos que tal casa y cuales terrenos pertenecen á Vd., y el gobernador de la provincia, en vista de este informe, de cuya veracidad hemos de responder con nuestras cosas, ha firmado su nombramiento de cabeza, y sin que lo sepa V., ya lo es.
—Mil gracias por haberse Vds. presentado como fiadores mios; pero ni esa casa ni esos terrenos son del todo míos, sino de mi socio X. parte de ellos.
—Nada, ya es V. cabeza, y no cabe réplica.
—Acepto gustoso la cabecería, pero con la condición de que haya posibilidad de colocar las cédulas, que forzosamente he de abonar, y sin este requisito no firmo la notificación, ni acepto el padrón ni las cédulas.