El cáliz de una flor unas veces despide suavísimo aroma, y otras ingrato olor; así el corazón de la mujer, que á veces encierra ternura y laudables sentimientos y a veces también … vileza y veleidad.

De la mujer nacen los ángeles de la tierra, como la flor se transforma en frutos.

Sin la mujer sería todo acíbar en el corazón humano, como el campo sin flores presenta un cuadro tan tétrico como el aspecto de los cementerios.

Tierna es la mujer cual una flor.

Las flores ríen llenas de vida por la mañana, y apenas el disco solar llega al zénit, marchitas inclínanse al suelo: corta es su existencia, como la duración, si conviene llamar así á la efímera vida de la belleza de una jóven.

Lavillemeuse ha dicho:

«Cual la flor que al nacer de la aurora,

Fresca brilla en mitad del vergel,

La hermosura, á quien tanto se adora

Brilla un día y se acaba con él.»