—Es nuncio de buena suerte en la lotería y otros juegos el soñar que muchos pescados entran en nuestras redes.

—Si soñamos encontrar mucho dinero, padeceremos de herpes, y para evitarlo, debemos untar con aceite nuestro cuerpo.

—Cuando soñamos comer baduya ú otra golosina, pronto sentiremos dolor de vientre, y para alejar el mal futuro, al despertarnos, hemos de mojar con saliva nuestro dedo pulgar, y hacer cruces con él sobre la garganta y el vientre.

—Además de las viejas mitológicas, de que hablamos anteriormente, hay otra pequeña que despierta á algún favorecido suyo, diciéndole:—Búscame un gallo blanco con patas amarillas, cerdo blanco con patas negras y perro blanco, los cuales deben ser unigénitos, y si los encuentras, vete á cavar para recoger una tinaja llena de monedas de plata de á peso en tal lugar, alrededor de cierto árbol, y si la hallares, no tengas miedo, aunque haya un ser sobrenatural en forma de europeo que la custodie; pero una vez ya adquirida, no te alegres tanto.—Y en efecto, si se cumplen todos los encargos de la vieja, se consigue dicha tinaja.

—En Vigan he oido en un árbol sonidos, acaso el canto de la cantárida; pero me aseguraron los palurdos que eran sonidos de la guitarra del kaibaan.

—Si conseguimos encerrar con un sombrero ó cosa así el remolino de viento, cuando esté ya en calma, se halla en medio un babató, que nos da agilidad extraordinaria, sin que nadie nos pueda alcanzar cuando corremos.

XVIII

CRÍMENES FOLK-LORÍSTICOS.—ANTING-ANTING

Asi se llama en Filipinas el amuleto, que ora nos libra de peligros, ora nos dá poderes maravillosos. Es propio de los bandidos, los cuales se sirven de él de buena fé ó acaso para rodearse de prestigio ante la gente menuda, quien por el anting-anting les teme casi tanto como á seres sobrenaturales. Hay muchas clases de amuletos: unos consisten en pieles de fetos humanos, con que los bandidos se cubren el pecho, creyéndose así invulnerables; otros son libritos impresos ó manuscritos como p. ej. la Oración del Testamento que fué hallado en el Santo Sepulcro de N. S. J., de la que un malhechor me proporcionó una copia manuscrita.