Otras veces, toman la Pasión como objeto de distracción, y cantando, la representan con todos sus detalles, empezando por amarrar bien al inocente que haya aceptado el papel de Cristo, y acabando por abofetear, azotar, desnudarle, etc.

Viernes de cuaresma.—Ninguno, absolutamente ninguno, come carne en Ilocos. Por la tarde, desde las dos pasadas hasta las cinco, acuden las ilocanas á rezar las estaciones dentro de la Iglesia, recorriendo en grupos de 3, 4, 5 ó más los pasos colocados en las columnas, en cuyo acto prescinden del manto (velo negro y bruñido que les cubre desde la cabeza hasta los piés, arrastrando cola á diferencia del lambong de las tagalas, que solo llega poco más abajo de la cintura), que casi siempre usan al ir al templo.

Fuera de éste, en las plazas que suele haber en sus alrededores, grandes cruces de madera señalan los pasos, y van á rezar delante de ellas á eso de las tres y media, los alumnos de las escuelas municipales de instrucción primaria, de ambos sexos, formando cada escuela un grupo.

Entre cuatro y cinco, sale del templo en procesión el Nazareno, acompañado de unos doscientos devotos, y recorren rezando los mismos pasos.

El Viernes de Dolores, ó sea la festividad de la Vírgen de esta advocación, á la imágen del Nazareno, se agregan las de la Virgen y del evangelista San Juan.

Durante la cuaresma, tiene lugar en los mercados nocturnos el juego de toktok, que consiste en el choque de dos huevos, perdiendo el suyo el dueño del que reviente. El extremo agudo del huevo se llama siko (codo), y el opuesto, que es más blando, kolo del parecido castellano. Los jugadores gritan siko ó kolo, según la parte del huevo, con que quieran jugar; si se encuentran dos que llaman sikos, se cambian los huevos para reconocerlos, porque suele haber embirriados ó embreados. Expliquémonos: por medio de agujeros practicados con una aguja, chupan la yema y la clara del huevo, y una vez vacío, introducen en él, y ¡con qué paciencia! brea amasada con rocío ú otro aguardiente, (habiendo no poco de superstición en esto), que endurezca la cáscara. Por eso antes de jugar los examinan, mirando la luz al través de la cáscara, y si ven en ésta algo negro que no se parezca á yema, los rechazan. El exámen tiene otro objeto, y es el de ver si ya está roto el huevo, porque al cambiárselos para el reconocimiento, suelen trocarse verdaderamente para los efectos del juego, y de aquí que esta clase de jugada se llame trocada ó torkada, come dicen en Ilocos.

Los ilocanos no conocen el Carnaval; los tagalos tienen una especie de tal, y es el domingo que llaman de la Paz, ó sea el anterior al miércoles de ceniza. Para despedirse, dicen, de la carne, matan lechones y comen mucho de aquella.

El Domingo de Ramos, los muchachos, y los que no lo son, llevan á la Iglesia muchas palmas de coco, y algunos ramos de oliva. Las primeras van adornadas con pajaritos, culebras, estrellas, piñas y otras figuras, todas hechas de dicha palma. Después, la palma bendita se coloca en las ventanas para precaverse de los malos vientos, y las usan en zahumerio para desinfectar las casas.

Por la noche, se sacan en procesión muchas imágenes de Santos y judíos, y recorren las estaciones ó altares situados en las principales calles de la población.

En varias estaciones hay enramadas, de las que cuelgan toda clase de frutas y en un lado, hay altar, donde se entonan los trenos de Jeremías. Esto es en Vigan. En otros pueblos, tiene lugar la estación general, que así se llama, otro día, para que no coincidan.