Después de la misa, grupos de lindas jóvenes, acompañadas de sus pretendientes (tambien los hay de un sólo sexo), recorren las calles de la ciudad, iluminadas en varias partes por cilíndricos hornillos de barro, del tamaño de un plato pequeño, donde se cuece la golosina ilocana llamada bibingka.
Los transeuntes que rebosan de alegría, se acercan á estos hornillos para comprar lo que allí se confecciona, y la bibingkera para atender á tantos consumidores aventa con su paypay (abanico) de bambú que recuerda la forma de un guión de Iglesia y á cada momento levanta la tapadera con su carga de brasas, para ver si ya está sazonada la bibingka, y si vé que falta calor debajo, mete más leña por allí. En Ilocos no se usa el carbon como combustible, sino en las fraguas.
Cuando ya cada cual tiene su bibingka en la mano, comiendo en plena calle, sin necesidad de mesa ni de cubiertos, se dirigen á la próxima colina de Mira, situada al SO. de Vigan, desde la cual se descubren la población, las fértiles huertas y campiñas de los alrededores, la mar, el pueblo vecino de Bantay y los montes de Abra. Y si nó, á los amenos jardines de S. Julian, Ayusan, Kotta, etc. ó á tomar baños en las aguas del manso Abra.
Antes de salir el sol, cuando la aurora ya llena de resplandores la faz de la tierra, entonces son de ver hermosas pollitas con sus camisas de franela de varios colores y con su pañuelo casi tan grande como un abrigo, liado al cuello y tendido sombre el hombro derecho; y sobre las espaldas un haz de finos y negros cabellos. Ya se retiran alegres á sus casas llevando flores en las manos ó en la cabellera, y al rededor de ellas algunos galanes, llevando cada cual una caña-dulce con sus punzantes hojas, que no parecen sino como signos de elección por parte de sus bellas compañeras, cual nueva vara de S. José.
Y por las noches, los niños y muchachos del vecindario arrastran por las calles encendidos conejos de papel con ruedas, y la población se ilumina con faroles de papel, de múltiples figuras, como de estrellas, buques, culebras, hombres, mujeres etc., etc.
En la Noche-Buena, la alegría aumenta. Unos preparan con dulce afan el sinuman ó golosina que se ha de dar á los chicuelos y mendigantes, que acudan á pedir algún aguinaldo; otros terminan ó hacen las primeras pruebas de algún farol á veces de mecanismo curioso, como p. ej., el que se requiera para despertar la hilaridad de los transeuntes, presentándoles la figura de una culebra que acomete á un chino, el cual se defiende con un palo.
Varias bandas de música, alguna orquesta ó comparsa de jóvenes, vestidos de marinos, recorre la población ó dá serenatas tocando y cantando frente á las casas en demanda de algún aguinaldo.
La animación se prolonga hasta el amanecer, cuidando de tomar el tradicional arroz-caldo y otros sabrosos platos, con que apagar el hambre que han tenido por la abstinencia del día anterior, porque es de saber que los ilocanos son católicos hasta el fanatismo.
En la Noche-Buena se abre en Vigan al público el Arbol de Navidad, el Belen de doña Pateria, que es bastante bueno y no hay ningún vecino que durante las Pascuas no vaya á visitarlo.
A la mañana siguiente, después de la misa, circula por las calles mucha gente: los campesinos visitan las casas de los ricos recibiendo por aguinaldo algún tabaco, sinuman, cuartos ó vino.