LOS ILOCANOS

Es rutinario entre los autores, que han descrito las razas filipinas, presentar á los indígenas civilizados en un grupo y hacer una descripción comun de ellos, atribuyendo á todos las cualidades y costumbres que observaran en los tagalos, como que si entre éstos y los bícoles, ilocanos, pangasinanes, pampangos, cagayanes y zambales no existieran algunas diferencias.

Los que comparan las costumbres tagalas con las que se leen en este libro, seguramente pensarán de otro modo que muchos de nuestros autores.

Se puede decir que los ilocanos son casi desconocidos; lo cual obedece á que las personas aficionadas á escribir no han llegado á Ilocos, excepto muy contados, que por desgracia no han escrito nada de las costumbres, cualidades y demás caracteres distintivos de los ilocanos, lo cual es de lamentar, porque en aquellas apartadas provincias se hallan muchos materiales preciosos para el Folk-Lore, siendo las costumbres, prácticas y creencias ilocanas de las pocas del país que se conservan con mas pureza, y más semejantes á las de la época de la Conquista.

Y aún el tagalo ó el indígena de Filipinas en general «únicamente ha sido retratado—como dice muy bien el Sr. Lacalle,—por brochas de torpes enjalbegadores,» como Sinibaldo de Más, Gaspar de San Agustin, y otros, que han creido encontrar buen efecto en ridiculizar al indio, pero haciendo pasar por realidades los extravíos de su enferma imaginación.

No pretendo, sin embargo, llenar este vacío, sino contribuir con mi grano de arena, emitiendo lealmente el concepto que me he formado de mis paisanos, de modo que este artículo pudiérase denominar, mas que «los ilocanos pintados por sí mismos,» «los ilocanos según un imparcial, que es y siente lo mismo que ellos.» Así no desmentiré al erudito Astoll, que benévolamente me ha llamado «hombre que lleva el corazon en la mano».


Los ilocanos son iguales á los demás filipinos civilizados en sus caracteres físicos.

Estatura de cinco pies y dos pulgadas por término medio en los varones, y cinco en las mugeres; rostro ovalado, cráneo algo oprimido por detrás, cubierto con cabellos negros, lisos y fuertes, grandes y negros ojos, nariz chata, gruesa en su base, piel trigueña, casi amarilla en los contados mestizos; labios un poco gruesos, boca y estremidades regulares, y miembros musculados y proporcionados. En conjunto es airoso el ilocano y «mejor conformado que los tagalos,» como dice Lacalle.