Como se observa, para ella el Folk-Lore por su objeto, no es más que mero colector: no es ciencia.
Antes de dar la razón á una de las dos opiniones contrarias, voy á recordar á mis lectores el adagio vulgar y muy práctico que dice: el que mucho abarca poco aprieta.
En efecto, el Folk-Lore, con solo recoger y acopiar todos los conocimientos, usos y costumbres de la gente no ilustrada, aún no estudiados, tiene muy larga tela que cortar.
Y si no se contenta con reunir materiales y pretende además estudiarlos científicamente ó reducirlos á un sistema bien ordenado, es decir, llegar al desideratum de todas las ciencias, yo no puedo calificar el objeto del Folk-Lore si no de casi imposible.
¿Qué se entiende por ciencia?
Si me fijo en la definición, que de ella dan los filósofos, me espanta sobremanera la idea ó pretensión de los que consideran como tal el Folk-Lore.
Sin embargo, en esto de limitar el trabajo del folk-lorista á recoger materiales, encuentro un inconveniente: tal es la pretensión muy general de parecer sábio, erudito u otros epítetos por el estilo.
Por eso, es necesario transigir con la vanidad de todos, so pena de morir en su infancia el Folk-Lore, en razon á que alguien diría: recoger cuentos y otras simplezas, es ocupación de viejas.
Y además, esta pretensión de los folk-loristas de explicar científicamente y de comparar, haciendo alarde de su erudición, es util, no ociosa.
Convengo, por consiguiente, en que una nodriza ó cualquier palurdo que sea colector de cuentos, no pueda llamarse folk-lorista, porque éste es instruido y se sujeta á ciertas reglas.