Ilocos Súr. Cuando uno quiere contraer matrimonio manifiesta sus deseos á sus padres, los cuales si las aprueban, ellos mismos, ó buscan una persona de mucho valimiento con la familia de la jóven, que pida la mano de ésta.

Sólo los del campo usan las donaciones propter nuptias que se llaman sab-ong.

Y sin otras ceremonias, se toman los dichos.

Si se trata de pudientes, el Párroco vá á la casa de la novia, á donde acude el futuro esposo acompañado de sus amigos y parientes varones. Y si son de la clase media ó inferior, se llegan á la vicaría ó, como llaman, convento del Cura Párroco.

Tratándose de clases acomodadas, el casamiento se celebra á las cuatro de la madrugada. En esta provincia como en las demás ilocanas[3], es costumbre casar en lunes, miércoles ó sábado. Antes de la hora señalada, una banda de música recorre la población, tocando pasos-dobles, para despertar á los invitados á las ceremonias nupciales.

Celebrado el matrimonio, se retiran en dos grupos: vá primero el del sexo feo y sigue el bello, no compañándoles ninguna banda de música.

Pero en la casa, donde se deben celebrar los festejos, les espera una que, apenas los divisa, toca danzas.

Los del pueblo no gastan músicas.

Los del campo se casan á las siete de la mañana en grupo con los del pueblo, si los hay; y se retiran á las ocho. A esta hora llega la banda de música, que les conduce á sus lejanas casas. Y como en cada pueblo, excepto el de Vigan, solo hay una banda y los desposados son muchos, de aquí el que la única suele no acabar de conducirles hasta muy entrado el día. En Ilocos Norte, hasta las 12 de la mañana. Cuando el caso apura, la banda se divide en dos ó tres grupos compuestos de seis ó siete músicos; pero todos con el indispensable bombo, pues no gusta el poco ruido.

La comitiva se divide también en grupos y tras de ellos la música, que les acompaña tocando ensordecedores pasodobles.