A todo ésto añadiremos las siguientes líneas, que me ha escrito uno de Ilocos Norte:
«Los padres del novio llevan frascos del consabido basi á la casa de la novia, para celebrar con libaciones la formalización de las capitulaciones matrimoniales. Es de ver en estos actos á los consuegros cambiarse sus copas llenas de basi brindando por la salud del nuevo matrimonio.
Por lo regular, el novio viste en la boda camisa de lienzo Canton ó de color crudo, chaqueta y pantalon de seda, rosario de cuentas gordas, y salakót adornado de plata.
Y la muger, saya, camisa y kandonga lujosas, tapis de seda, peineta, agujas, anillos y rosario de oro, tumbaga ó coral. En fin, de todo menos de chinelas.
Cuando la boda se quiere celebrar con pompa se mete mucho ruido de tambores y repiques de campana, pudiéndose decir que casi todos los movimientos de los desposados se anuncian con tambores y campanadas.
Terminadas las funciones de Iglesia, el padrino y la madrina toman de su cuenta una banda de música (en todo el Archipiélago los gastos de bautizo, casorio y muerte de los ahijados, son costeados por los padrinos), que irá delante de la comitiva.
En el camino se distinguen los recien casados por el lujo. El novio cubre con un quitasol á su consorte y juntitos caminan despacio con los ojos clavados en el suelo».
La Union. En esta provincia hay otra manera de pedir la mano. Cuando uno desea casarse, lo dice á sus padres.
Éstos á su vez trasmiten los deseos de su hijo á la familia de la pretendida y si aquella aprueba el casamiento proyectado, abre las puertas de su casa al pretendiente, á fin de que éste implore personalmente el consentimiento de la jóven.[4]