Ya en el río, encáranse con la parte, á donde se dirige la corriente. En esta posición, la vieja lava las cabezas de la viuda y los huérfanos con la infusión de paja quemada de palay, ó de gogo. Durante estas ceremonias, la bendita murmura una oración.

Acto seguido, se bañan todos.

Ya en casa, la sacerdotisa les sahuma con una plancha llena de plumas de gallo ó trapo. Con esta medida dicen que se quita la languidez producida por la muerte del difunto.

Concluido ésto, se dirigen al cercado de la casa y pasean por sus orillas. En estos jardines ó cercados siempre debe haber algunos plátanos ó árboles, que dan frutas comestibles. Y si encuentran un plátano, lo arrancan de raiz, después de rezar un Padre Nuestro; y si tienen frutas se las comen.

Lutos. En Ilocos Norte no visten luto los parientes del difunto, sinó sólo desde aquella hora, en que éste usa su último vestido. Entonces las viejas cubren de luto al viudo ó viuda, y solo se les ven los ojos.

En la Unión tienen esta particularidad: en el último día del novenario, después de la comida, la viuda y los huérfanos se colocan en una fila, y la vieja que sirve de pitonisa, después de rezar unas oraciones, les quita el manto, que hasta entonces llevaban desde el primer día en señal de luto. Desde aquí ya pueden usar vestidos de cualquier color, con tal que lleven colgado del cuello un liston negro.

En general, las parientas del difunto llevan mantos cerrados por delante quedando abierta solamente la parte de la cara hasta el pecho, siendo menor ó mayor la abertura, según que sea próximo ó lejano pariente el difunto.

Por término medio el luto dura un año, según sea el grado de parentesco, teniendo la viuda durante los primeros meses, que llevar el manto á donde quiera ir, aún no siendo á la Iglesia.

Entre los varones del campo es costumbre llevar mantos, si son huérfanos ó viudos.

Entre los ilocanos hay tambien lutos de alivio y medio luto.