»Estando en la Beocia, se adelantaba hacia Tebas en ocasión que volvía por el camino un cuerpo de lacedemonios mucho más numeroso que el suyo. Un soldado de a caballo, que se había adelantado, los vio salir del desfiladero y volvió corriendo a decir a Pelópidas: “hemos caído en manos de los enemigos”. “¿Y por qué no han de haber caído ellos en las nuestras?”. Así responde el general y los ataca; pelean con encarnizamiento y permanece la victoria indecisa mucho tiempo; pero vencen al fin los tebanos, y los lacedemonios, después de haber perdido sus generales y lo mejor de sus tropas, se dispersan por el llano.
»Este éxito inesperado admiró a Lacedemonia, Atenas y todas las repúblicas de la Grecia. Para terminar amistosamente sus desavenencias, envió cada cual sus diputados a una dieta convocada en Lacedemonia, y Epaminondas, a la edad de cuarenta años, se presentó en ella con los demás representantes de Tebas. Agesilao decidió las sesiones de esta gran asamblea, que terminó con un tratado en el cual no tuvieron parte alguna los tebanos.
»Apenas habían regresado estos a su patria, cuando el rey Cleómbroto, que mandaba en la Fócida el ejército de los aliados, tuvo orden de conducirle a la Beocia. Las fuerzas de los tebanos eran inferiores a las suyas casi en la mitad, pero tenían a su cabeza a Epaminondas, y Pelópidas mandaba sujeto a sus órdenes. Hallábanse los dos ejércitos en un paraje de la Beocia llamado Leuctra (año 371 antes de J. C.). Al siguiente día se dio aquella batalla que los talentos del general tebano harán memorable para siempre, y en que los prodigios de valor de Cleómbroto no pudieron salvarle de la muerte, ni a su ejército de una completa derrota.
»Los vencedores, cuya pérdida fue muy leve, levantaron un trofeo en el campo de batalla y se ensoberbecieron tanto con la victoria que el filósofo Antístenes decía: “me parece que veo a escolares orgullosos de haber pegado a su maestro”.
»Dos años después fueron nombrados jefes de la liga beocia Epaminondas y Pelópidas. Estos dos ilustres amigos entraron juntos en el Peloponeso, y Epaminondas, que mandaba como general en jefe, condujo a Lacedemonia el ejército compuesto de setenta mil hombres, con esperanza de hacerse dueño de aquella ciudad y levantar en ella un trofeo. Al acercarse formó Agesilao su ejército en una eminencia situada entre aquella ciudad y el Eurotas, que iba crecido considerablemente con motivo de las nieves derretidas de los montes. Epaminondas hizo cuanto pudo para atraerle a la llanura, pero no pudo conseguirlo; y viendo que el invierno estaba próximo, que sus tropas, debilitándose cada día más y más, empezaban a carecer de víveres, y noticioso también de que los atenienses y otros pueblos hacían levas considerables en favor de Lacedemonia, taló los campos de la Laconia y retiró tranquilamente su ejército a Beocia.
»A su vuelta fue acusado con Pelópidas y citado en juicio por haber conservado el mando de la liga beocia cuatro meses más del término prescrito por las leyes. El último se defendió sin dignidad y tuvo que recurrir a las súplicas; pero Epaminondas se justificó refiriendo sus hazañas, y sus jueces le absolvieron lejos de atreverse a condenarle; mas no por eso se libró de los tiros de la envidia. En la distribución de premios creyeron humillar sus émulos al vencedor de Leuctra, encargándole de la policía de las calles y la limpieza de los albañales y desagües de la ciudad, pero desempeñó perfectamente este encargo, probando así con su ejemplo que no se debe juzgar a los hombres por los empleos, sino a los empleos por los hombres que los ocupan.
»Durante los diez años siguientes, Epaminondas hizo respetar más de una vez los ejércitos tebanos en el Peloponeso. Pelópidas, después de haber triunfado en Tesalia, pasó a la corte de Susa donde trastornó los planes de Atenas y de Lacedemonia, y en obsequio de su patria celebró un tratado que la unía estrechamente con el rey de Persia. (Año 364 antes de J. C.). Poco tiempo después de su vuelta, marchó contra un tirano de Tesalia llamado Alejandro, y pereció en el combate persiguiendo al enemigo después de haberle puesto en fuga vergonzosa. Tebas ha perdido uno de sus apoyos, pero aún le queda Epaminondas. Este grande hombre se ha propuesto dar a Lacedemonia el último golpe, y se cree que los atenienses se unirán a los lacedemonios; pero la primavera próxima decidirá sin duda esta gran cuestión». Aquí dio fin la relación de Cleómedes.
Al cabo de muchos días de una feliz navegación llegamos al Bósforo de Tracia, que separa la Europa del Asia. Su longitud desde el templo de Zeus hasta la ciudad de Bizancio, donde termina, es de ciento veinte estadios. Su anchura varía: a la entrada es de cuatro estadios y a la parte opuesta de catorce. En ciertos parajes las aguas forman grandes balsas y profundas bahías. Hacia el medio de este canal nos mostraron el paraje donde Darío, rey de Persia, hizo pasar por un puente de barcas setecientos mil hombres que conducía contra los escitas. El estrecho, que solo tiene cinco estadios de anchura, se halla ceñido por un promontorio sobre el cual hay un templo de Hermes. En aquel sitio puestos dos hombres uno en Asia y otro en Europa pueden hablarse muy fácilmente. Poco después descubrimos la ciudadela y los muros de Bizancio, y entramos en su puerto dejando a la izquierda la ciudad de Crisópolis y habiendo avistado hacia la misma parte la de Calcedonia.
CAPÍTULO II.
Descripción de Bizancio. — Viaje desde esta ciudad a Lesbos. — El estrecho del Helesponto, etc.