»Se suprime a veces una de las proposiciones, fácil de suplir; entonces el silogismo se llama entimema y, aunque imperfecto, no es menos concluyente. Ejemplo: Toda virtud es un hábito; luego la justicia es un hábito; o bien: La justicia es una virtud; luego es un hábito.

»Toda demostración es un silogismo, pero no todo silogismo es una demostración. Este es demostrativo cuando está fundado en los primeros principios o en aquellos que se derivan de los primeros; es dialéctico cuando está fundado en opiniones que parecen probables a todos los hombres o a lo menos a los sabios más ilustrados; y contencioso cuando se concluye según proposiciones que se quiere hacer pasar por probables y no lo son.

»El primero suministra armas a los filósofos que se ciñen a lo verdadero; el segundo a los dialécticos, ocupados muchas veces en la verosimilitud, y el tercero a los sofistas, a quienes bastan las menores apariencias».

CAPÍTULO LVI.

Continuación de la biblioteca de un ateniense. — La retórica.

«En tanto que se construía con ahínco el edificio de la lógica», dijo Euclides, «se levantaba a su lado el de la retórica, menos sólido a la verdad, pero más magnífico».

Acercándose a los estantes: «Estos son», continuó, «los autores que nos dan preceptos sobre la elocuencia y los que nos han dejado modelos de ella. Casi todos han vivido en el último siglo o en el nuestro. Entre los primeros están Córax de Siracusa, Tisias, Trasímaco, Protágoras, Pródico, Gorgias, Polos, Licimnio, Alcidamante, Teodoro, Eveno, Calipo, etc.; entre los segundos gozan de una reputación bien merecida Lisias, Antifonte, Andócides, Iseo, Calístrato e Isócrates; y a estos se debe agregar los que han comenzado a distinguirse, tales como Demóstenes, Esquines, Hipérides, Licurgo, etc.

»Los primeros ensayos de retórica se hicieron en Sicilia. Cerca de cien años después de la muerte de Cadmo, reunió discípulos un siracusano llamado Córax, y compuso sobre este arte un tratado muy estimado en nuestros días, aunque solo hace consistir el secreto de la elocuencia en el cálculo engañoso de ciertas probabilidades.

»Protágoras, discípulo de Demócrito, durante su permanencia en Sicilia fue testigo de la gloria que este Córax había adquirido.

»Hasta entonces se había distinguido con profundas investigaciones sobre la naturaleza de los seres, y lo fue también en breve por las obras que publicó sobre la gramática y las diferentes partes del estudio oratorio. Se le hace el honor de haber sido el primero que reunió las proposiciones generales, llamadas lugares comunes, de que hace uso un orador, ya para multiplicar sus pruebas, ya para discurrir fácilmente sobre todas las materias.