Timoleón revisó, con Céfalo y Dionisio, dos corintios que le acompañaron, las leyes antiguas que Diocles había dado o los siracusanos. Las relativas a los particulares fueron conservadas con interpretaciones que aclaran su sentido verdadero; fueron reformadas las pertenecientes a la constitución, y reprimida la licencia del pueblo sin perjudicar a sus derechos; antes bien para asegurarle más el goce de ellos, les invitó Timoleón a que destruyesen las ciudadelas que servían de guarida a los opresores.

Después de haber hecho feliz a la Sicilia este grande hombre, se redujo a la clase de simple particular. Los habitantes de Siracusa le obligaron a que aceptase en su ciudad una casa distinguida, y en las cercanías una quinta agradable donde pasase los días tranquilamente con su mujer y sus hijos, a quienes mandó venir de Corinto.

Lejos de cifrarse en esto el reconocimiento de los siracusanos, mirándole como su segundo fundador decretaron que el día de su nacimiento sería celebrado como un día de fiesta, y pedirían un general a Corinto siempre que tuviesen alguna guerra extranjera.

Al morir, solamente encontró alivio el dolor público en los honores que hicieron a su memoria. Pusieron el cadáver en la pira, y entonces un heraldo leyó en voz alta el siguiente decreto: «El pueblo de Siracusa, reconocido a Timoleón por haber destruido a sus opresores, vencido a los bárbaros, reedificado muchas ciudades principales y dado leyes a los sicilianos, ha resuelto dedicar a sus funerales doscientas minas (67.044 reales 16 maravedís), y honrar todos los años su memoria con certámenes de música, carreras de caballos y juegos gimnásticos».

CAPÍTULO LXII.

Continuación de la biblioteca de un ateniense. — Física, historia natural, genios.

A mi vuelta de Persia, fui otra vez a casa de Euclides donde me faltaba que recorrer una parte de su biblioteca, y le encontré con Metón y Anaxarco. El primero era de Agrigento en Sicilia, y de la misma familia que Empédocles, y el segundo de Abdera de Tracia y de la escuela de Demócrito.

Euclides me enseñó algunos tratados sobre los animales, plantas y fósiles, y me dijo: «No soy muy rico en este género, porque la afición a la historia natural y a lo que propiamente se llama física no es conocida entre nosotros sino de pocos años a esta parte. Aristóteles se ha apoderado del depósito de los conocimientos de Egipto y de Oriente, de todos los pueblos que llamamos bárbaros, aumentado por los filósofos pitagóricos y por los nuestros. Aún lo aumentará él con sus trabajos y, transmitiéndolo a la posteridad, elevará el monumento más soberbio no a la vanidad de una escuela particular y sí a la gloria de todas nuestras escuelas.

»Esto es la historia general y particular de la naturaleza. Primeramente tomará las grandes masas; el origen o la duración del mundo; las causas, los principios y la esencia de los seres; la naturaleza y la acción recíproca de los elementos, la composición y descomposición de los cuerpos; en todo esto entrará, examinando las cuestiones sobre lo infinito, el movimiento, el vacío, el espacio y el tiempo. Describirá en todo o en parte lo que sucede en los cielos, en lo interior, en la superficie de nuestro globo. En los cielos, los meteoros, las distancias y las revoluciones de los planetas, la naturaleza de los astros y de las esferas a las cuales están fijos. En el seno de la tierra, los fósiles, los minerales y las conmociones violentas que trastornan el globo. Y sobre la superficie, los mares, los ríos, las plantas y los animales.

»Como el hombre está sujeto a infinitas necesidades y obligaciones, se le considerará bajo todos aspectos. La anatomía del cuerpo humano, la naturaleza y las facultades del alma, los objetos y los órganos de las sensaciones, las reglas propias para dirigir las más delicadas operaciones del entendimiento y los movimientos más secretos del corazón, las leyes, los gobiernos, las ciencias, las artes; sobre todos estos objetos interesantes, el historiador juntará sus luces a los de los siglos precedentes; y, conforme al método de muchos filósofos, aplicando siempre la física a la moral, nos hará más ilustrados para hacernos más felices.