Acabo de leer su libro último: Rosario lírico de sonetos. Bien puede ser que estos sonetos no resistan una lectura pública, ni los chistosos comentarios de un grupo de amigos... Son para leídos á solas, en intimidad con lo más intenso de nosotros mismos. Como fueron pensados y sentidos, como fueron escritos. ¿Han de ser siempre estimables cualidades de la poesía la dulzura y la suavidad? ¿No ha de haber también poesía amarga y poesía áspera? Si á lo que más puede aspirar la poesía es á llegar á lo más hondo de nuestra alma, ¿no se entrarán más adentro estas asperezas, que las suavidades resbaladizas? Leed el libro: al principio tal vez sonriáis un poco; ya os iréis poniendo serios. Quizás al terminar su lectura no quede un solo dulce verso en vuestra memoria, pero sí más graves pensamientos en vuestra conciencia.

De esta áspera, rocosa calidad, eran los versos de Wordsworth, tan admirado por Unamuno. También su poesía fué donosamente comentada por algunos críticos. A sonnet is a moment's monument, definía Rossetti. El soneto es un monumento elevado á la memoria de un instante, pudiera traducirse. No diré yo que todos los monumentos elevados en estos sonetos sean igualmente admirables; pero sí que todos los instantes del espíritu de D. Miguel de Unamuno tienen un gran valor. Los más grandes poetas no son los que aciertan á contenerse en la más perfecta forma, sino los que no caben en ninguna.


Vida interna es otro libro de poesías, de Rafael Torromé, autor dramático, á quien nunca perdonará el teatro español desvíos ó desalientos injustificados. Precédele un sabroso prólogo, donde se ponen las cosas muy en su punto respecto á la frondosidad de nuestra poesía lírica, que tan poco tiene de lírica, hasta llegar á tiempos muy cercanos y... aún, aún. Hemos sido siempre muy de exterior, para que la cuerda lírica sonara entre nosotros. En esta misma Vida interna de Rafael Torromé, parece, á pesar suyo—y no lo digo como censura,—más el autor dramático que el poeta lírico... No es un lirismo egoísta el suyo, antes muy objetivo; más de tristezas y dolores de todos, que de melancolías cultivadas en un espíritu reconcentrado. Poesía de generosa expansión, poesía á lo Schiller, que también era autor dramático y por eso tampoco fué lírico del todo en sus poesías líricas, con ser tal vez demasiado lírico en sus obras dramáticas. Por fin de cuentas: ¿qué importa esta confusión de géneros? Vida interna es un libro de un buen poeta y, lo que más importa, de un poeta bueno.


XIV

La revista Je Sais Tout abrió concurso para conceder un premio al más elegante ó al más práctico figurín de traje masculino. El resultado del concurso no ha sido muy brillante. La inventiva, ninguna. En el capítulo de las elegancias, todo es volver á la moda del año 30; en el capítulo del trapillo diario, no salimos de los modelos generalmente adoptados para campo, caza, automóvil, canoa ó aeroplano. De donde se deduce que la moda, tanto femenina como masculina, no es algo caprichoso que puede imponerse por dictadura: es producto de elaboración social; á la que todos contribuímos. Obra de evolución; nunca de revolución. En la moda, más que en nada, se observa el serpenteo, avance y retroceso alternados; que es el andar de la humanidad, según la escuela positivista.

La fantasía de un sastre, el humor de un dandy, no cambiarán la tendencia niveladora del traje masculino en nuestro tiempo. La aspiración social es la confusión de clases. Va desapareciendo el sombrero de copa, que ha venido á quedar en algo así como prenda de uniforme honorario, para lucirlo sólo en determinadas solemnidades. La levita sigue la suerte de su inseparable aditamento el sombrero de copa. Desaparece también la capa, y el sombrero flexible, intermedio entre la gorrilla y el hongo, iguala al artesano con el artista y al obrero con el empleado.

Por desgracia, la nivelación va también por dentro, y si desnivel hubiere, no está la mayor altura por lo más alto. Es posible que, si os volvéis en la calle al escuchar alguna palabrota, os encontréis con un señorito. El alcoholismo disminuye por días entre las clases populares; en cambio, ¡hay cada manga aristocrática en todas las aristocracias, y en la intelectual las más holgadas! Si hoy viviera Horacio, tendría que rectificar lo de: pauperum tabernas.