Hasta aquí el periódico inglés.

Yo no sé si en Inglaterra sería una novedad este descanso conyugal ó vacaciones matrimoniales. En los países latinos no hay nada más corriente, y, hasta ahora, los resultados no han sido muy satisfactorios. Más de una separación á cencerros tapados y más de un divorcio á cencerrada libre han tenido su origen en estos ensayos veraniegos de libertad.

Un soltero pierde su libertad fácilmente, porque, en la mayoría de los casos, no hay tal libertad. Hay que saber lo que es un padre de familia á la española y la familia que se agrupa á su alrededor en consecuencia, para comprender que cualquier medio es bueno para emanciparse. Y como nuestro terrible padre de familia no comprende que su hijo salga de su casa más que para casarse... pues se casa y en paz, es decir, en guerra, la misma guerra que en la casa paterna; pero en la suya siquiera, puede gritar él más que nadie.

Pero ¡ay! cuando un casado prueba unos días de libertad... matrimonio perdido. Si es el marido quien veranea y la mujer la que se queda en casa, la vida de fonda es para él un paraíso. Aunque los que viven en casa de huéspedes aseguran que se está muy mal en las fondas, crean ustedes que en cualquier casa de huéspedes se está mejor que en la mayoría de las casas de la clase media española. En alimentación y comodidades materiales hay poca diferencia; pero en cuanto á educación y trato y ambiente espiritual, todas las ventajas están en favor de las casas de huéspedes.

En el caso de ser la esposa la que veranea y el marido el que se queda en casa, con ó sin criada, no hay idea del orden que puede reinar en una casa cuando falta quien ponga orden en ella. Este ramo de la limpieza y del buen orden doméstico, que, con la honradez, son los últimos baluartes de las mujeres que no tienen otras gracias, están muy desacreditados desde que se ha caído en la cuenta de que nada hay más en orden ni con más limpieza que los tres lugares justamente en que para nada intervienen las mujeres: un cuartel, un convento de frailes y un barco de guerra.

Por todo esto y otras muchas cosas, no conviene dejar solos á los maridos. En cuanto á las mujeres... ellas vuelven siempre encantadas al hogar, por bien que lo hayan pasado fuera. ¿A quién podrán decir con el tono de superioridad despreciativa que al marido:—¡Como éste es así! ¡Si éste no fuera así!


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